Anuario 2011: México
Un año nuevo ha comenzado y es hora de ver con nostalgia los acontecimientos que marcaron el 2011. Tristemente para Mexico, las cosas no parecen haber cambiado mucho: la violencia sigue a la alza, nuestros políticos siguen siendo igual de ineptos y corruptos, la pobreza y desigualdad siguen mermando cualquier intento en mejorar nuestro deplorable estado de inequidad social. Pero hay que ver el lado positivo. En el 2011 quedó demostrado que cualquier Mexicano puede aspirar a la presidencia de la república, incluso cuando no haya leído un solo libro en toda su vida. Sí, hablo de Peña Nieto y su terrible desastre mediático en la Feria del Libro de Guadalajara. Lo peor de todo es que el heredero a la tradición Jurásica/Salinista del tricolor sigue dominando las encuestas, aparentemente inmune a cualquier tropiezo y humillación. ¿Compló de los medios? Tal vez. Pero tampoco hay que negar que tenemos los gobiernos que merecemos. Y por todo Facebookero o Twittero compartiendo la más reciente parodia del copete más famoso de México, hay otro que es parte de esa mayoría silenciosa que sigue con la mira fija en regresar al PRI a la presidencia.
Pero con todo y sus deslices, Peña Nieto no es el centro de atención del país. Esto sigue siendo la fallida guerra contra el narco que según las más recientes cifras, ha cobrado casi 50,000 mil víctimas en cinco años, casi las mismas que nuestros vecinos del norte perdieron en Vietnam en más de una década. Es cierto que tal vez todavía no hemos llegado al nivel de inseguridad y deterioro institucional que vivió Colombia durante el apogeo de sus grandes capos como Pablo Escobar, o en Perú con el terrorismo del Sendero Luminoso, pero falta poco, y seguimos sin ver la luz detrás del túnel. Y cuando vemos masacres como las de San Fernando o el Casino Royale en Monterrey, deja poco consuelo la muerte o captura de uno que otro pez gordo. El Chapo sigue en fuga, ahora convertido como el villano número uno del mundo tras la muerte de Osama bin Laden. Y de los Zetas ni se habla, siendo un cartel cuya brutalidad excede la tolerancia de cualquier sociedad civilizada. Mientras tanto, solo nos queda esperar que esta guerra siempre esté más allá de nuestra realidad, lejos de nuestras vidas normales y de la de nuestros seres queridos.
Un mexicano que no se pudo escapar de esta guerra fue el escritor y poeta Javier Sicilia, que el pasado 28 de Marzo recibió la noticia que ningún padre de familia quisiera recibir: la de la muerte de su hijo a manos de la delincuencia organizada. La tragedia de este señor no tardo mucho en convertirse en un movimiento, orquestando no solo una serie de marchas y manifestaciones sino algunas de las críticas más fulminantes a la estrategia de guerra de Calderón. Pero todo este esfuerzo cayó en oídos sordos. La guerra contra el narco, una guerra proscrita por los estándares del conservadurismo estadounidense, ha seguido su rumbo y como buenos mexicanos, tras un breve lapso de furia y descontento, hemos regresado a la normalidad. Una normalidad donde leer sobre una docena de muertos tirados en lote no genera la más mínima alarme, donde hemos regresado al medievo viendo nuestros puentes decorados con cuerpos colgados. Hay que ser realistas, no había mucho que el Sr. Sicilia pudo haber hecho y aún menos lo que pudo haber logrado. Pero al menos el incasable poeta, cuyo fedora y chaleco no esconden su pena, lo intentó.
No todo en el 2011 fue una nota roja. En este año, se realizó tal vez el evento deportivo más importante en nuestro territorio desde el mundial del 86. Hablo de los Juegos Panamericanos de Guadalajara, que a pesar de todas las críticas y temores sobre retrasos, cobrecosts, y – obvio – la cuestión de seguridad, terminó siendo un éxito rotundo no solo en cuanto a su organización sino al desempeño de la delegación Mexicana, que quedó en un nada despreciable cuarto lugar, con apenas 3 medallas menos que Cuba (que si bien ya no es la potencia que era antes, sigue siendo un formidable país en el deporte regional), y un escalón debajo de Brasil. Y hasta medallistas guapérrimas tuvimos esta vez, solo vean a nuestra gimnasta rítmica estrella, Cynthia Valdez. Pero aunque hubiéramos quedado de último lugar, lo que los juegos le trajeron a Guadalajara fueron más que medallas. Hay nuevas y modernas instalaciones deportivas, mayor espacio hotelero, un nuevo sistema de autobuses (Macrobus) similar al Metrobús del DF, entre otros beneficios ya terminados o por construir (particularmente relacionados al transporte). Es demasiado pensar que el efecto será similar al de Barcelona después de sus olimpiadas, pero algo es algo. Y especialmente para un país tan centralizado como el nuestro, ya era hora que otra ciudad aparte de la capital recibiera los merecidos frutos de la modernidad.
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