Crónica de una crisis – Nace el boom inmobiliario

Una burbuja se estalla, pero otra comienza
August 31st, 2010 by Rodrigo

La mejor inversión

¿Qué sería del Sueño Americano sin un hogar propio? Para una nación tan arraigada a la tierra y a la noción de la propiedad privada, ser dueño de tu propio hogar es un deber patriótico, casi sagrado.

Pero una casa es más que cuatro paredes y un techo. Para la mayoría de nosotros, la casa es – por mucho – nuestra más valiosa pertenencia y puede ser una fuente potencial de ingresos (renta) o de colateral para un préstamo. Sin embargo, las cosas se complican en vista de que las casas (y demás inmuebles) suelen tomar las características no tanto de un activo tangible sino de un activo financiero, cuyo precio puede fluctuar a vaivén de los mercados y de otros factores, incluso factores subjetivos. A nivel agregado no hay una combinación más propicia para comenzar un boom de inmobiliario que un periodo de tasas de interés bajas, abundancia de crédito y una economía en crecimiento. Y el ciclo es virtuoso: altos niveles de construcción estimulan la economía aún más, generan empleos y aumentan la riqueza de la población, riqueza que luego se puede canalizar hacia otras inversiones productivas. Aunque pocos países lo admitirían, un boom inmobiliario es una de las recetas más simples para sostener crecimiento económico. Tan simple que parece magia.

En el 2001, esto era exactamente lo que los Estados Unidos necesitaban. Tras el doble choque del colapso de la “nueva economía” y los atentados del 11 de Septiembre, el país estaba en la víspera de una recesión. A cargo de evitar lo inevitable estaba Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal (el banco central, mejor conocido como “el Fed”) y por mucho el economista más poderoso e influyente del país, por no decir del mundo. A lo largo de 14 años al frente del Fed, Greenspan había presidido sobre la expansión económica más importante en la historia de los Estados Unidos en tiempos de paz: el boom de los años noventa. Tal era su popularidad que muchos lo consideraban el mejor jefe del Fed en la historia. Monetarista de corazón (al igual que su ídolo, el mismísimo Milton Friedman), su principal arma en el arsenal económico del Fed era el uso efectivo de las tasas de interés: subirlas cuando la economía se sobrecalentaba, bajarlas cuando se debilitaba. Según la teoría, tasas de interés bajas impulsarían el consumo y el crédito, dando así el empuje necesario para salir de una recesión.

La receta se aplicó en 2001 con éxito. La recesión terminó siendo mucho más leve de lo temido, aunque la caída de las tasas tuvo que ser drástica: de 6.5% en Mayo de 2000 a apenas 1% dos años después. Sin embargo, esto por sí no resolvería uno de los legados del colapso de la “nueva economía”: la pérdida de riqueza tras el estallido de la burbuja bursátil de la Nasdaq. Empezar otra burbuja bursátil no era factible ya que cualquier confianza que quedaba en el mundo corporativo estadounidense después del debacle de los punto-coms se había evaporado con el escándalo de Enron en 2001. Afortunadamente, ya había otra burbuja que desde hace varios años se estaba manifestando. Era una burbuja inmobiliaria, que se desató en los años noventa a raíz de la expansión económica. Para el año 2000, el precio promedio de las casas era aproximadamente 25% superior a la media de la década pasada, pero pocos mostraban consternación en vista de que la burbuja todavía no había crecido a niveles alarmantes. Y qué mejor que una pequeña burbujita para darle una inyección de vitalidad a la economía cuando más la necesitaba.

Tanto dinero pero ¿dónde ponerlo?

Sin embargo, todas las condiciones para que la burbuja inmobiliaria creciera fuera de control estarían presentes durante los siguientes años. Para que una burbuja se expandiera, se necesitaba dinero y afortunadamente esto estaba en abundancia, cortesía de las riquezas del oriente. Resulta que como consecuencia de la crisis asiática de 1997-8, muchos de los países afectados llegaron a la conclusión de que para evitar otra crisis, necesitaban disponer de un colchón de reservas internacionales – o sea, dólares – para así contrarrestar cualquier fuga de capitales (en vista que el consenso neoliberal era evitar controles de capital a toda costa). Para lograr esto, mantendrían sus monedas artificialmente devaluadas logrando así superávits comerciales que llenarían los cofres de sus bancos centrales con dólares. Sostener estos superávits no sería nada difícil considerando el voraz apetito de los Estados Unidos por las exportaciones ajenas.

Los países asiáticos necesitaban hacer algo con tantos dólares pero sus opciones estaban limitadas por la poca sofisticación de sus sistemas financieros. Y no solo estaban nadando en dinero gracias a las exportaciones, también sus enormes ahorros domésticos contribuirían a lo que Ben Bernanke – successor de Greenspan – llamara la “saturación global de ahorros” (global savings glut). Todo ese dinero necesitaba un destino. Un destino con el tamaño y la sofisticación para absorber billones de dólares e invertirlos efectivamente.

Qué mejor lugar que Wall Street. Y qué mejor inversión que casas.

Próximamente: Los alquemistas financieros hacen su retorno triunfal

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Crónica de una crisis – Fracaso.com

La nueva economía muere en el intento
August 25th, 2010 by Rodrigo

Bievenidos al nuevo ombligo del mundo

Es difícil recordar que en algún momento de nuestra existencia no había internet y que podíamos sobrevivir sin computadoras. La revolución informática de las últimas dos décadas ha tenido un impacto sobre nuestras vidas como tal vez ninguna otra tecnología ha hecho, y ha transformado a la economía mundial a tal grado que nos trajo una auténtica edad de oro cuando menos lo esperábamos.

Pero en 1985, la situación era muy distinta. Japón, el gran protagonista del ascenso inminente del oriente, parecía invencible en su misión por convertirse en la economía más poderosa y dinámica del mundo. Su predominio en mercados como la electrónica y la industria pesada era innegable: para finales de los años ochenta, Japón producía más acero y más automóviles que los Estados Unidos, su bolsa de valores era más valiosa que la de Nueva York y sus bancos eran los más grandes del mundo. Este éxito económico había inflado el valor de las propiedades y de los bolsillos de los japoneses, que ahora gozaban de un ingreso per cápita superior a cualquier país del mundo salvo Suiza. Se decía que tan solo el terreno debajo del palacio imperial en Tokio valía más que todo el estado de California.

Pero a principios de los años noventa, la gran burbuja japonesa se desinfló, marcando el inicio de una recesión que duraría no una sino dos décadas. Para colmo y a pesar de su proeza tecnológica, Japón había descuidado el sector que sería la vanguardia de la llamada “nueva economía”: la tecnología de información. Este sector era indisputablemente dominio estadounidense y se concentraba en Silicon Valley, ubicada en las idílicas afueras de San Francisco, lejos de los motores de la economía “fordista” tradicional. Los orígenes de los nuevos maestros del universo serían humildes: empresas pequeñas, fundadas por visionarios como Bill Gates que escribió su primer sistema operativo desde un sótano, o Michael Dell que comenzó a vender computadoras desde su dormitorio de universidad. Pero esta explosión de talento empresarial no sería nada comparada con lo que se esperaría a mediado de los años noventa. Para este entonces el internet se había popularizado y abrió las puertas a un sin-límite de servicios disponibles para todos aquellos conectados a esta nueva red global. Amazon y sus libros. eBay y sus subastas. Google y sus búsquedas. ¿Había un límite? No mientras se manejaba a toda velocidad en la nueva supercarretera de información.

Wall Street, para variar, no tardó en oler las ganancias. Inversionistas derraparon los miles de millones para que estas nuevas empresas (o “startups” como se les llamaba in inglés), tuvieran las finanzas suficientes para aspirar a lo grande. Qué importaba si su modelo de negocios era un fraude y que buscaran triunfar en mercados saturados donde gracias a los efectos de red, solo una empresa (a lo mucho) sería exitosa. Muchas de estas empresas gozaban solo de nombres irreverentes como boo.com (compras), o Flooz (dinero virtual) pero gracias a los fondos ilimitados de inversionistas ingenuos (pero hambrientos por una tajada de las ganancias), podían derrapar miles de millones en campañas publicitarias para vender servicios innecesarios. Durante el Super Bowl XXXIV en enero del 2000, 17 empresas “punto-com” pagaron millones para colocar comerciales. Muchas de estas mismas empresas estaban operando con pérdidas millonarias también, mantenidas aflote solo por la promesa y esperanza de cuantiosas ganancias a la postre.

Wall Street siempre presente

La técnica más común para alcanzar el éxito financiero para una empresa “punto-com” y sus inversionistas era la oferta pública inicial o IPO (Initial Public Offering – como se conoce popularmente en inglés). Un IPO involucraba convertir a la nueva empresa – hasta ahora privada – en una empresa pública, mediante su cotización en alguna bolsa de valores, de preferencia la Nasdaq donde se cotizaba la gran mayoría de compañías de tecnología tal como Microsoft y Apple. Debido a la gran demanda para estas compañías, un IPO generalmente lograba que los precios de las acciones se dispararan, convirtiendo a sus dueños en multi-millonarios instantáneos y dando la impresión de que no había producto o servicio en línea demasiado riesgoso o demasiado ridículo para poder ser económicamente viable. Entre IPOs, demanda insaciable y una economía estadounidense a todo motor, el índice de la Nasdaq para principios del año 2000 había llegado a cinco mil – cinco veces más que su nivel a mediados de la década.

Pero como toda burbuja, la burbuja “punto-com” también se desinfló.

Las causas de la catástrofe fueron muchas. Como cualquier burbuja bursátil, llegó un punto en que el “sentimiento de mercado” hizo pensar que la burbuja había alcanzado su cénit y era hora de regresar (violentamente) a la normalidad. Muchas de las empresas “punto-com” habían agotado su generoso capital inicial sin haber reportado ganancia alguna, lo cual provocó que los inversionistas se volvieran cautelosos y renuentes en seguir apoyando compañías sin posibilidad de éxito. Para colmo, la economía estadounidense se había sobrecalentado tras una década de expansión sin precedentes en la posguerra y comenzaba un periodo natural de desaceleración. Esta desaceleración de plano se convirtió en recesión tras los atentados terroristas del 11 de septiembre que acabaron de una vez por todas con lo que quedaba de la “nueva economía”. No todo fue un desastre: los sobrevivientes como Google, eBay y Amazon surgirían de los escombros como líderes globales mientras que las empresas ya establecidas como Microsoft, Dell y Apple seguirían dominando sus respectivos mercados. Pero entre 2000 y 2002, alrededor de cinco billones de dólares (cinco trillones para los que acostumbran leer cifras en inglés) se perdieron en las bolsas de valores a causa del fracaso de los “punto-coms”, afectando no solo a Wall Street sino de millones de estadounidenses que tenían inversiones ligadas al destino de la bolsa.

Así pues, una burbuja se había desinflado, pero Wall Street y los hogares estadounidenses estaban ansiosos por recuperar sus pérdidas. La solución sería crear la madre de todas las burbujas, esta vez con la fuente de riqueza más sagrada y segura de todas.

Casas.

Próximamente: De hipotecas y hombres

Posdata: Hasta la fecha, la Nasdaq no ha recuperado su nivel de Marzo del 2000. Ni siquiera los tres mil ha rebasado.

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Crónica de una crisis – La dura caída de los genios

Ni la tecnología pudo domar al mercado
August 13th, 2010 by Rodrigo

Durante décadas, por no decir siglos, el éxito en las finanzas se basaba en una habilidad casi innata de poder leer los mercados y sacarles ventaja. En los años noventa, eso cambió. La tecnología informática hacía posible que un banco o fondo ganara la millonada en milesimas de segundo por medio de modelos matemáticos ultra-sofisticados y sistemas computacionales que sustituirían al cerebro humano por el poder bruto de un procesador.

Nada resumió esta filosofía mejor que Long-Term Capital Management.

LTCM fue fundada en 1993 por John Meriwether, que hace unos años antes fue forzado a renunciar de Salomon Brothers (en ese entonces, uno de los principales bancos de inversiones del mundo) debido a su relación con fraudes al gobierno federal, algo que poco tiempo después resultaría en la caída del banco y su subsecuente adquisición por parte de Citigroup. Como buen banquero, no se iba a quedar con los brazos cruzados: reclutó a varios ex miembros de Salomon, un virtual dream team de cerebros financieros que incluía entre sus rangos a dos economistas que a la postre serían galardonados con el Premio Nobel: Myron Scholes y Robert Merton. En los años setenta, este par (junto con el ya fallecido Fischer Black) habían desarrollado un modelo matemático para asignarle un precio a las “opciones”, un tipo de derivado similar a los futuros pero donde el vendedor tenía la opción de renegar el contrato al final – a costa de una prima. A esta fórmula, llamada la fórmula Black-Scholes, se le atribuye el asenso del mercado de derivados.

Meriwether: la genialidad tuvo su precio

La reputación de Meriwether como dios en el mercado de bonos logró que fácilmente asegurara cuantioso capital de individuos e instituciones que no duraron un instante en confiarle sus millones, siempre y cuando les devolviera más. En 1994, LTCM entró en acción con más de mil millones de dólares de capital. Y en poco rato, LTCM se convirtió en un gigante en el mundo obscuro pero glamoroso de los hedge funds. Para los que no saben lo que es un hedge fund (en español se les conoce como “fondos de inversión alternativa”, aunque su nombre en inglés es más común), o no conocen bien su modus operandi, básicamente son fondos cuyo propósito es llevar acabo inversiones que maximicen sus ganancias por encima del riesgo que incurren. Como sabrán, las inversiones más riesgosas son aquellas con mayor rendimiento y por estos motivos es que la mayoría de los fondos tienen límites hacia lo que pueden hacer (un fondo de pensiones, por ejemplo, jamás se le permitiría hacer cierto tipo de inversiones por temor a perder los ahorros de miles de personas). Los hedge funds no tienen estos límites y carecen de regulación bajo la premisa de que juegan con dinero de gente capaz de absorber las pérdidas.

A cambio de su genialidad, los gerentes de los hedge funds reciben compensaciones astronómicas, generalmente bajo un sistema de “2 y 20”, es decir, 2% de los activos netos del fondo, y 20% de las ganancias. Así que si le das $100 millones a un gerente y logra convertirlo en $150 millones para final de año, se habrá embolsado $12 millones para sí solito. Obvio que se lo tendrá que repartir entre sus chalanes pero los hedge funds son pequeños ya que muchas de sus operaciones son automatizadas por modelos computarizados diseñados por doctores en astrofísica e ingeniería aeronáutica (en serio). Cualquier movimiento de mercado que coincida con la estrategia de inversión del fondo, y automáticamente se efectúa en milésimas de segundo. Estos movimientos, a veces mínimos, se magnifican por la capacidad del fondo de apalancarse (endeudarse) muy por encima de su capital, frecuentemente hasta 20 veces o más (ejemplo: un aumento de 5% de una inversión se convierte en una ganancia de 100% si tu razón de deuda-a-capital es 20:1).

Las estrategias de LTCM se aprovechaban de estos movimientos infinitesimales en la convergencia de bonos y acciones, lo que se le conoce como arbitraje. Por ejemplo, LTCM se dio cuenta que las diferencias de bonos de tesorería de 30 años y de 29 años eran mayores a lo que se esperaría, por lo tanto, si compraban el de 29 años y vendieran corto los de 30, harían una ganancia cuando esta diferencia se redujera a la hora de que el gobierno emitiera nuevos bonos. Lo mismo con acciones de ciertas compañías casi idénticas, en el caso de LTCM eran Royal Dutch y Shell (que en la práctica son una misma compañía pero se cotizan por separado en las bolas inglesas y holandesas). Sus estrategias rindieron frutos: para 1998 tenían casi $130 mil millones en activos aunque se habían endeudado 25:1 (nada raro para un hedge fund). Más impresionante, habían invertido en derivados con un valor nocional de $1.25 billones de dólares, más del tamaño de la economía mexicana. Con sus sofisticados modelos, LTCM había logrado con la matemática lo que la intuición nunca pudo: vencer al mercado.

Pero la crisis rusa de 1998 terminó tumbándolos de su pedestal. Cuando el gobierno ruso anunció una moratoria en sus bonos, los mercados financieros mundiales entraron en pánico: se deshicieron de sus bonos (no solo rusos sino japoneses y europeos) y se refugiaron en masa hacia el activo más seguro del mundo: bonos de la tesorería estadounidense. Ergo, el valor de estos bonos se disparó y las diferencias que antes habían sido la fuente del arbitraje de LTCM se transformaron en pérdidas millonarias casi instantáneas. Así como el apalancamiento magnificó las ganancias de LTCM, hizo lo mismo con sus pérdidas que fueron todo menos infinitesimales (la lógica inversa del ejemplo anterior es que una pérdida de solo 5% bajo un apalancamiento de 20:1 te dejaría en ceros).

Las inversiones de LTCM estaban tan extendidas por los mercados financieros que su colapso potencial se vio como el primer paso en una tragedia mayor, cuyas consecuencias arrastrarían al mercado entero. Al necesitar capital para cubrir sus deudas inminentes, LTCM estaría forzado a vender sus activos lo cual haría que cayeran de precio, creando un ciclo vicioso de ventas y depreciaciones que nadie podría detener. La Reserva Federal de Nueva York tuvo que entrar en acción y organizar un rescate por parte de los principales bancos mundiales. LTCM se salvó por el momento, pero fue finalmente liquidado en el año 2000.

Haciendo cuentas finales, el daño fue mínimo y el pequeño susto terminó siendo justamente eso: solo un susto. Los hedge funds no solo sobrevivieron sino que se multiplicaron como plaga (actualmente hay más de diez mil). Y aún tomando en cuenta que los años noventa fueron una de las décadas más turbulentas en la historia económica mundial, los defensores del status quo podían presumir que nunca antes el mundo en general había crecido tanto y tan rápido. Incluso Estados Unidos, considerada una economía letárgica y en decadencia relativa vio un renacimiento que ni los economistas más optimistas hubieran anticipado. Detrás de esta nueva época dorada estaba la revolución informática – considerada por muchos la revolución tecnológica más importante de la humanidad desde el desarrollo del transistor o incluso desde el desarrollo de la turbina de vapor en el Siglo XVIII.

Y como siempre, Wall Street tuvo su rol en esta bonanza.

Próximamente: El boom de los punto-com

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Crónica de una crisis – La revolución financiera

Las puertas se le abren a la alquimia financiera
August 13th, 2010 by Rodrigo

Casi lo mismo, siglos después

El oro ha tenido un efecto embrujador sobre la humanidad desde el comienzo del tiempo. A tal grado que había toda un arte dedicado a transformar materiales comunes y corrientes en este metal precioso. Se llama alquimia, y perduraría a través de siglos, por no decir milenios, hasta que la ciencia logró robarle su prestigio y revelar su naturaleza charlatana.

Pero la búsqueda por convertir basura en oro no terminó allí, si bien los métodos serían más refinados, más matemáticos. Los alquimistas del Siglo XX no trabajarían en las cortes de reyes o emperadores, trabajarían para los nuevos amos y señores de la economía mundial: los bancos. No siempre había sido así. La “innovación financiera” había sido por mucho tiempo sofocada por la regulación de los mercados financieros, impuesta para evitar otra catástrofe como la que llevó a la Gran Depresión en los años veinte. Sin embargo, las actitudes a favor de mantener domados a los bancos poco a poco se fueron relajando a partir de los años setenta. Y tras la llegada de Thatcher y Reagan comenzó un proceso de desregulación con el objetivo de convertir al sector financiero como el principal motor de la economía.

Notable en este proceso fue la creación de nuevos “productos”, la alquimia financiera en acción. Uno de ellos fue la “securitización” (securitization en inglés, lamentablemente no existe traducción adecuada en nuestra lengua). La securitización involucraba empaquetar numerosas deudas, dividirlas en cachitos, y vender los cachitos como bonos individuales. Esto permitiría a los bancos deshacerse de sus deudas al mismo tiempo que se embolsaban una ganancia. Las primeras securitizaciones comenzaron a finales de los años setenta e involucraban deudas sobre crédito hipotecario las cuales se re-bautizarían como Mortgage-Backed Securities, o MBSs (posteriormente se expandirían a crédito automotriz, tarjetas de crédito, hasta créditos estudiantiles). El pioneros de estos nuevos productos fue Lewis Ranieri, vendedor de bonos del banco de inversiones Solomon Brothers. Para mediados de los años ochenta, Salomon Brothers se había convertido en el banco más redituable de Wall Street, en gran medida gracias a su virtual monopolio del mercado de bonos hipotecarios.

Estos productos también se les conocen como derivados. Son derivados porque su valor deriva del valor de otros activos financieros (en el caso anterior, de las hipotecas). Mejor aún, no es necesario ser dueño de estos otros activos. Un derivado muy común (y que lleva siglos de existencia) es el “futuro”. Un futuro, tal como su nombre implica, involucra vender un producto futuro a un precio acordado hoy. Los agricultores son usuarios intensos de los futuros: les permite vender una cosecha a un precio acordado con anterioridad y así eliminar el riesgo de que – por ejemplo – una sequía o una plaga les afecte el precio. Pero no hace falta ser un genio para darse cuenta cualquier persona puede vender un futuro, aún si no es dueño de la cosecha. Así pues, muchos de los futuros circulando por los mercados no son intercambiados por agricultores ni distribuidores legítimos sino por especuladores: inversionistas que buscan beneficiarse de los cambios o desajustes temporales en los precios.

La cosecha es lo de menos.

Vaya, los derivados no son inherentemente malos. De hecho todos tienen algún fin útil. Así como el agricultor se beneficia con un futuro, una compañía exportadora puede reducir su riesgo cambiario con un “swap”: un acuerdo en el que se establece una tasa cambiaria de antemano y así se libra del riesgo de una devaluación o apreciación inesperada. Pero mientras más derivados se inventaban (en la víspera de la crisis había más de $600 billones en contratos de derivados, diez veces el PIB mundial), más complejos se volvían. Ya no bastaba ser un contador con una calculadora de bolsillo: los bancos necesitaban matemáticos, ingenieros y físicos – con doctorado como mínimo – para manejar el arte del análisis cuantitativo (dentro de los bancos, a estos genios se les apodaría como “quants”).

Hacia mediados de los años noventa, un ex-vendedor de bonos de Salomon Brothers, John Meriwether, decidio formar una legión de “quants” en lo que sería el intento más ambicioso hasta la fecha por lograr conquistar a los mercados. Entre sus rangos estarían nada menos que dos Premios Nóbel de Economía. La intuición y el sentido común serían cosas del pasado: las nuevas armas serían las matemáticas y la tecnología.

Terminaría en desastre.

Próximamente: La mini-crisis de LTCM

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Crónica de una crisis – La era de la volatilidad

Nace un nuevo orden mundial
August 12th, 2010 by Rodrigo

Friedman y Reagan: el profeta y el ejecutor

Es imposible rastrear el origen de la crisis financiera a una sola fecha o evento. Pero de intentarlo, sería el 4 de Mayo de 1979. Ese día y tras años de turbulencia política y económica llegaría al poder en el Reino Unido la “dama de hierro”, Margaret Thatcher. Tan solo unos meses antes, la nación británica había quedada sofocada por huelgas e inflación durante el llamado “invierno del descontento”. Thatcher prometía una nueva receta: poner el Estado a dieta y dejar que el mercado dicte las reglas. En unos pocos años, el poder de los sindicatos sería mutilado, las grandes empresas estatales privatizadas, y – lo que tendría consecuencias a largo plazo – el sistema financiero desregulado. El neoliberalismo, inspirado por las teorías de Milton Friedman, Friedrich Hayek entre otros partidarios de la primacía de los mercados, había nacido.

Del otro lado del Atlántico, la situación económica de los Estados Unidos no era nada alentadora tampoco. Al igual que en Londres, las elecciones presidenciales de 1980 darían un giro a la derecha con la elección de Ronald Reagan que en su discurso inaugural dejaría pocas dudas sobre que se podría esperar de su mandato: “el gobierno no es la solución de nuestros problemas, el gobierno es el problema”. La concordancia económica entre los dos aliados transatlánticos haría eco a su estrecha relación en cuestiones de seguridad y defensa. Y tal como Reagan se refirió a la URSS como el “imperio malévolo”, el Estado se convertiría en el gran villano del entorno económico. Ya sea por convicción (el caso de Chile bajo Pinochet y sus “Chicago Boys” que incluso aplicaron la receta neoliberal antes de Thatcher o Reagan), o por necesidad (las crisis de deuda que azotarían a Latinoamérica o la restructuración post-comunista en el Este de Europa), el “fundamentalismo de mercado” se convertiría en la norma intelectual y receta única e irrefutable para toda política económica y social. Durante los años ochenta y noventa, las barreras al libre comercio y el libre flujo de capitales se derrumbaron tan rápido como el Muro de Berlín y tal parecería que la era de globalización no solo nos traería prosperidad inimaginable (como mínimo, un McDonald’s en cada esquina) sino que nos dejaría una economía mundial estable y dinámica. Al menos eso decían los libros de texto…

México – como en tantas otras ocasiones – terminó siendo la excepción a la regla.

El 15 de diciembre de 1994, tan solo dos semanas después de haberse inaugurado un nuevo gobierno, el secretario de Hacienda, Jaime Serra Puche, anunció que no habría devaluación del peso aún considerando la enorme fuga de capitales que había iniciado el mes anterior y el rápido agotamiento de las reservas internacionales. Para el 22 la situación se había deteriorado tanto que tuvo que renegar su promesa: el peso se devaluó y los mercados – anticipando que esto sería apenas la punta del iceberg – perdieron toda su confianza en la moneda. Poco después de Navidad, el peso había perdido casi la mitad de su valor.

México: una de las primeras víctimas

Pero México no fue el único país que sufriría una crisis en 1995. Miles de kilómetros al sur, Argentina también tendría una recesión, si bien no tan extrema como la nuestra. ¿Su pecado? Ser latinos. El “efecto tequila” no solo tendría repercusiones en nuestro territorio, también hizo que los inversionistas extranjeros perdieran su confianza en todo país que hablara español (o portugués), le rezara a la virgen y jugara fútbol. Pero, ¿acaso los inversionistas no gozaban de “información perfecta”? Total, ese era uno de los supuestos que fundamentaban la doctrina libremercadista. Bastaban solo unos cuantos minutos para darse cuenta que Argentina no era México y que las condiciones que propiciaron una crisis en nuestro país no necesariamente se aplicarían al resto de la región.

La falibilidad del mercado se demostraría otra vez tan solo dos años después. El escenario: Asia. Otra crisis cambiaria – esta vez centrada en Tailandia – se propagaría como incendio forestal sobre una tras otra economía asiática. Indonesia sufrió una recesión de doble dígitos en 1998, e incluso la otrora vigorosa economía de Corea del Sur apenas evito un colapso mayor. Si bien es cierto que las causas de la crisis asiática fueron distintas a la nuestra, había común denominadores preocupantes. En ambos casos, comenzaron como crisis cambiarias exacerbadas por la especulación. En ambos casos fueron empeorados por la fuga masiva de capitales. En ambos casos los sistemas financieros no resistieron el embate de los mercados. Pero la crisis asiática – en virtud de contar con múltiples partícipes – también nos proporcionó una virtud común: aquellos países que, previo a la crisis se habían visto lentos en liberalizar sus economías y que aún mantenían controles sobre capital, lograron evitar una recesión mayor. Eso aún considerando que pocos años antes habían sido tachados como los “chicos malos” de la región por el Fondo Monetario y el Banco Mundial, justamente por no adherirse incondicionalmente a los dogmas libremercadistas.

1997 y 1998 serían años turbulentos para la economía mundial. La crisis asiática cobró otra víctima lejana después de que Rusia tuvo que declararse en moratoria de su deuda como consecuencia de la turbulencia financiera global. Un año después, Brasil también enfrentaría una breve crisis a raíz de presiones externas (y de paso arrastrando a su vecina, Argentina). Tal parecería que la lógica de la globalización se había volteado de cabeza: en vez de resultar en una economía mundial fortalecida y robusta, cada vez se veía más frágil que nunca. Ciertamente los factores que llevaron a estas crisis no eran nada nuevos, pero la manera casi instantánea en que las economías nacionales y sus sistemas financieros se desplomaron, al igual que la rapidez con que se contagiaba a los vecinos no tenía precedentes.

Algo andaba mal. Pero tanto economistas como gobernantes en Estados Unidos y Europa podían darse el lujo de desacreditar a sus homólogos latinos y asiáticos en vez de echarle la culpa a teoría misma. Había una pizca de verdad en dichas críticas: nadie podía negar que muchos de estos gobiernos eran altamente corruptos y mal gobernados. También es cierto que no todos sus fundamentos macroeconómicos estaban firmes, particularmente aquellos que hubieran podido ayudar a contener (o al menos amortiguar) la volatilidad externa.

Aúna sí, la economía mundial estaba lejos de sufrir un paro cardiaco. Pero pocos días después del colapso ruso, un evento en el corazón de los mercados financieros haría que se saltara un latido…

Próximamente: La alquimia financiera hace su debut

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Recordando la crisis

Tercer aniversario del verdadero comienzo de la catástrofe
August 10th, 2010 by Rodrigo

Nueva York, tenemos un problema

Hay fechas que vivirán en la infamia por el resto de la historia humana. La guerra y tragedia no tienen escasez de fechas infames, pero la economía mundial tampoco está ajena de tales desgracias. Todo aquel con un mínimo conocimiento de la historia seguro habrá escuchado del “Martes Negro”, un 29 de Octubre de 1929 cuando el desplome de la bolsa de valores de Nueva York dio inicio a la Gran Depresión. Para los mexicanos, tampoco podemos olvidar el “error de Diciembre” en 1994, preludio a la peor crisis de nuestros tiempos. En cambio, el 9 de Agosto de 2007 no parece merecer estar en tan deshonrada compañía – para la mayoría de los mexicanos, esa fecha pasó desapercibida, seguramente opacada por noticias de alguna balacera en Juárez o escándalo de la farándula.

Pero si alguna fecha merece ser considerada con el inicio de la crisis financiera mundial que seguimos viviendo, fue ese día. Y todo empezó con un aviso de prensa de un banco francés, BNP Paribas, que aún está en-línea, preservada para la posteridad como un museo virtual de la avaricia humana.

Lo pueden leer aquí.

El 9 de Agosto de 2007, BNP Paribas decidió suspender dos de sus fondos “alternativos” – hedge funds como se les conoce más popularmente – debido a la “completa evaporación de liquidez en ciertos segmentos del mercado de activos estructurados estadounidense”. Debido a esto, “ya no es posible valorar adecuadamente estos activos”. En pocas palabras: estos fondos estaban llenos de activos que ya no valían nada. Y no valían nada porque nadie los quería comprar, es decir, a ni existía un mercado para ellos. Lo más curioso es que menciona que no se podían valorar “independientemente de su calidad o calificación” – esto es como decir que uno tiene un Ferrari pero no lo puede vender porque nadie está dando ni un peso por él, aún siendo un Ferrari. Efectivamente, esos activos a los que se refería la nota seguramente habían sido calificados AAA (la calificación más alta) por las agencias calificadoras como Standard & Poor o Moody’s tan solo unos meses antes. Y estaban respaldadas por el colateral más seguro que hay: casas. Pero ahora, eran basura. Basura tóxica.

A partir de este día, el sistema financiero mundial dejo de ser el mismo. Los bancos se dejaron de prestar dinero, llevando a una crisis de liquidez que sería popularizada como el credit crunch. Los bancos centrales de EU y Europa al día siguiente harían la primera de muchas intervenciones, suministrando miles de millones de dólares y euros para mantener en pie a sus bancos. Aún así, un mes después caería el primero – Northern Rock de Inglaterra – tras una corrida bancaria, la primera en 150 años en el Reino Unido. Las pérdidas aumentarían a niveles estratosféricos hasta que finalmente llego el colapso el 15 de Septiembre del 2008 cuando Lehman Brothers se declaró en bancarrota. Otro día que vivirá en la infamia.

¿Cómo llegamos a esto? ¿Cómo es que después de una década de riqueza sin precedentes, casi regresamos a la era de piedra tras el casi-colapso de la economía mundial? En los siguientes días haré una crónica de este desastre anunciado, sin duda la peor crisis económica global desde los años veinte, y que aún sigue sin ser superada.

Próximamente: La era de la volatilidad

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¡Gilipollas! España campeón

El Mundial que nadie mereció ganar
July 13th, 2010 by Rodrigo

No me uno a la celebración

A diferencia del 67% de los Mexicanos, fui parte de la minoría que este domingo le echó porras a la Naranja Mecánica.

No tengo ninguna lealtad personal por Holanda. Prefiero mil veces una rica paella que papas fritas con mayonesa. No entiendo ni jota del holandés, y encuentro una extraña fascinación por su fetiche por las vocales. Y aunque siempre he tenido una afinidad por la Naranja, admito plenamente que su fútbol no me convenció esta vez. Eficiente, sí. Disciplinado, también. Pero muy poco vistozo, muy lejos del “Fútbol Total” que los hizo leyenda en los años setenta, e incluso lejos de ser tan vibrante como aquellas selecciones lideradas por Van Basten, Gullit o Bergkamp. Reivindicarse

O gran decepción.

Admito que España que el mejor equipo en la cancha. Admito que hombre por hombre, son la mejor selección del mundo, una que difícilmente le pueden encontrar una falla salvo que al gran Puyol ya las piernas lo de rinden como antes. Y admito que al menos en sus últimos dos partidos, dieron muestras de su verdadera genialidad. Pero si bien Holanda no era merecedora de esta copa del mundo, me disculpan pero España tampoco. Empecemos por el dato más infame: el hecho de que Suiza les ganó en la primera ronda. Siempre he pensado que perder un partido en el mundial es imperdonable para un eventual campeón. Antes de ayer, solo un país había ganado un mundial después de perder un juego: Alemania – dos veces. La primera fue en 1954, pero se las perdono por la única razón de que el equipo con el que perdieron (Hungría) fue su eventual rival en la final. La segunda fue en 1974 donde perdieron contra sus hermanos comunistas del Este (a estas alturas de la historia es fácil olvidar que hace no mucho tiempo había dos Alemanias, una de las cuales continuamente alcanzaba la gloria mundialista, la otra la gloria olímpica). Esa no se las perdono, e irónicamente, el rival en la final fue Holanda. Holanda mereció ganar ese mundial.

Veamos la segunda razón: la ausencia de goles. En 7 partidos, España metió solo 8 goles, un promedio de 1.1 por partido. Ningún campeón del mundo ha ganado un mundial con tan pocos goles – incluso en el antaño cuando se jugaban menos partidos. De hecho, ningún campeón se ha coronado con menos de 10 goles. Solo una victoria de España fue por un margen de más de un gol – nada menos que contra Honduras. Igual de infame fue que las cuatro victorias de España después de la primera ronda fueron por idéntico marcador, 1-0. La mínima. Es cierto que un 1-0 no es garantía de un mal juego – nadie va a negar que España jugó brillante contra Alemania y contra Holanda – pero los partidos contra Portugal y Paraguay fueron olvidables en todos los sentidos. Repito, Holanda – si bien marcó más goles – no lució con un futbol ni vistoso ni convincente. Pero quedo yo con el amargo sabor de boca de que la verdadera final fue ese partido de 3er lugar entre Alemania y Uruguay. Las dos selecciones fueron las únicas que pusieron el poco “jogo bonito” que hubo en este mundial, posiblemente el peor de todos.

(Ghana también se vio muy bien a ratos e incluso Japón fue una grata sorpresa considerando que nadie daba un yen por ellos).

De Fútbol Total a Madriza Total: Van Bommel creyéndose Ryu en Street Fighter 2

Pero bueno, no puedo negar que el mejor equipo ganó el torneo. Lástima que en vez de ver una “Furia Roja” que debió haber arrollado a todo rival, tuvimos una que tambaleó como borracho durante cinco partidos hasta que finalmente puso el pie en el pedal. Ciertamente tenían la calidad para haber barrido con la oposición: ¿qué equipo se puede tener el lujo de tener a jugadores de la talla de Fabregas y Torres en la banca? ¡Ya quisiéramos cualquier otro país tenerlos de titulares! Pero no fue así, quedaremos siempre con la duda de qué tan buena pudo ser esta selección española. Por otro lado, bien se puede decir que al menos tenían una gran defensa: solo 2 goles concedidos en 7 partidos, un record que los pone junto a Italia en el 2006 y Francia en el 1998 como las mejores defensas de toda la historia. Pero a diferencia de los Italianos, esta selección estaba construida para atacar y dominar el medio campo, no defender como hacen los Azzurri (y allí la razón por la que los detesto también, por aburridos). Y aquella Francia de 1998 demostró que una buena defensa no se logra a costa de un gran ataque: 14 goles anotaron los galos, una diferencia de +12. De hecho creo que Francia ’98 fue el último mundial donde la final la disputaron las dos selecciones que más merecieron llegar allí. Más mérito tuvo España para llegar a la final del 2002, la manera tan cruel e injusta en que fueron eliminados ha sido una de las grandes penas del arbitraje de todos los tiempos.

En fin, ya ni entraré en detalle sobre porqué se me hace absurda la solidaridad mexicana con la “madre patria”. Solo diré que e me hace tan ilógica como si Israel le echara porras a los alemanes. Me queda claro que para la gran mayoría es el deseo innato de purgar su sangre de todo rastro indígena y sentirse europeo, el sueño de todo Mexicano. Seguro son los mismos que traen un “ES” estampado en sus carros pero que ni siquiera saben donde está España en un mapa (ni siquiera han de saber leer un mapa, o tal vez incluso leer). Patético, digo yo, pero más patético es olvidar la historia y olvidar el hecho que ese país al que le dimos nuestro apoyo incondicional es el mismo que arrasó nuestras ciudades, tumbó pirámides para hacer iglesias, todo para imponernos una religión que nos sigue envenenando. Y de paso robarnos todo el oro que encontraron. Irónicamente, todo español detesta a los ingleses precisamente porque sus piratas se robaron ese oro en el camino de regreso. Y a diferencia de los ingleses – o los alemanes – los españoles parecen no tener mucha inclinación por enfrentar su turbio pasado, y aceptar el hecho de que su aventura colonial no fue otra cosa que un crimen contra la humanidad – uno que solo se escapa de ser genocidio porque el principal asesino fue un virus.

¿Pero para qué disculparse si nosotros evidentemente ya los perdonamos? Nos dieron la iglesia y la viruela y hoy nos dan Santander y Movistar. Y mejor ni digo cómo tratan a los sudamericanos que emigran a la madre patria. Hasta parece que en Arizona nos reciben con los brazos abiertos…

Pero así es la vida, y así es el fútbol. Injusto, cruel. Pocos mundiales me han dejado con tan amargo sabor de boca como éste, y solo espero que el “jogo bonito” haga un retorno triunfal en Brasil 2014. Y para mis queridos mexicanos, cuatro años tampoco es tanto para leer un libro de historia. Vaya que les hace falta.

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Top Ten – Las mejores selecciones de la historia

July 2nd, 2010 by Rodrigo

Pero sigue siendo el rey

El mundial todavía no termina y no sabemos quién será el nuevo campeón. Y aunque hemos visto grandes muestras futbolísticas (ninguna de estas gracias al Guille Franco o el Bofo Bautista), no siento que ninguna de estas pase a la historia aunque bueno, ¡nadie se quejaría de una grata sorpresa en los tres partidos que les quedan! Es por eso que presento la lista de las 10 mejores selecciones de todos los tiempos. Es cierto que más de la mitad de ellas nunca las vi jugar (estoy viejo pero no tanto), pero para eso están los libros, las estadísticas y los documentales.

10 – Inglaterra (1966)

Los “Swinging Sixties” marcaron el renacimiento cultural de la Gran Bretaña tras la austeridad y miseria de la posguerra. Qué más apto que su selección también se haya coronado en casa, ante la presencia de la mismísima reina. Aquel equipo ingles de Bobby Charlton, Bobby Moore y Geoffrey Hurst tenía clase y tenía habilidad y aunque en ningún momento se les consideró como grandes favoritos, llegaron a la final donde derrotaron a su gran archirival – Alemania – si bien con un gol dudoso en tiempo extra. Tristemente para la nación que inventó el deporte, hasta la fecha no han logrado ni remotamente repetir la gloria del ’66.

9 – Francia (1998)

Tardó pero finalmente en 1998 los galos lograron el objetivo de llevarse la corona a casa, lo cual no fue un viaje muy largo considerando que el mundial fue en Francia. Con tal vez el equipo mejor balanceado de las últimas décadas y notable por una defensa impecable como también un joven genio llamado Zinedine Zidane, llegaron a la final donde no solo ganaron sino golearon a Brasil – la primera (y hasta ahora única) vez que Brasil ha sido goleada en su ilustre historia mundialista. La cabeza de Zidane – tan controversial 8 años después – fue autora de dos de esos goles. Más que una victoria deportista, la victoria de esta selección multi-racial fue justo el símbolo que la nación necesitaba en tiempos de crisis de identidad.

8 – Argentina (1986)

Fue tal el dominio de Diego Armando Maradona en 1986 que sería fácil olvidar que había 10 jugadores más en este equipo. Pero la Argentina del ’86 fue soberbia, y aquel partido contra Inglaterra en cuartos ha entrado a la leyenda tanto por el “gol del siglo” de Maradona como “la mano de Dios” que sentenció – tal vez injustamente – al equipo de la rosa. Y qué gran final, una de las mejores de todos los tiempos, donde derrotaron con apuros a un equipo alemán que no mereció estar contendiendo la corona pero dieron una lucha digna que solo se resolvió minutos antes del silbatazo final. Cuatro años después este equipo llegaría a la final de nuevo pero menos gracias a la genialidad de Maradona sino las manos ataja-penales del portero Sergio Goicochea.

7 – Alemania Occidental (1990)

Después de dos finales seguidas perdidas, era hora de pensar que la tercera sería la vencida. Tan solo unos meses después de la caída del muro de Berlín, los discípulos de Beckenbauer se llevaron el tricampeonato, un logro nada magro considerando la sinfonía ofensiva de Matthäus, Völler y Klinsmann en lo que fue un mundial tan defensivo que ha sido tachado como el más aburrido de todos. Y no fueron victorias fáciles: Holanda (campeones europeos) en octavos, Inglaterra en las semis, y la venganza contra Argentina en la final – un partido sumamente olvidable de no ser por el controversial penalti que le dio la victoria a los germanos.

6 – Alemania Occidental (1974)

Beckenbauer. Müller. ¿Convencidos? Fueron los terceros lugares en 1970 pero llegaron a su cúspide en el mundial siguiente, en su propia casa, donde se coronaron campeones derrotando a la temible Naranja Mecánica de Johan Cruyff. Es difícil econtrarle una falta a este equipo, que no solo contaba con una sólida y disciplinada defensa sino a uno de los mejores artilleros de la historia: los 14 goles de Gerd Müller fueron un récord que duró hasta que Ronaldo lo rompió en el 2006. Y tal como sus predecesores en 1954 que ganaron una final en la que nadie esperaba que triunfaran, la garra que mostraron en el momento que más contaba ha sido un ejemplo imperdurable de la resiliencia teutona.

5 – Brasil (1958)

Nunca se ha jugado un mundial en latitudes tan polares pero de todas maneras, Suecia ’58 bailó al ritmo de samba. Ocho años después del humillante “Maracanazo”, esta renovada selección carioca estaba lista para llevarse la gloria de una victoria mundialista con un arma secreta llamada Pelé: un chico de las favelas de apenas 17 años que enterró el balón en la red seis veces durante el campeonato, dos de ellas en la gran final contra el equipo anfitrión (el primero de esos goles es todo un clásico). La goleada de 5-2 en esa final ha sido la más abultada de todos los tiempos pero más importante, fue la primera y hasta ahora única vez a lo largo de la extensa rivalidad entre Latinoamérica y Europa en que uno gana el mundial en suelo del otro.

No fueron campeones, pero la Naranja Mecánica fue legendaria en los años setenta

4 – Holanda (1974)

Futbol Total. Así se le llamó a su novedoso estilo de juego. La Naranja Mecánica. Así se les apodó gracias a su precisión y efectividad letal. Estos holandeses contaban con figuras como Johan Cruyff cuyo principal arma era la versatilidad de jugar cualquier posición si era necesario. Llegaron casi sin sudar una gota a la gran final del mundial de 1974, pasando por encima del campeón anterior – Brasil – en el camino. Pero aunque se pusieron al frente tras apenas un minuto contra los alemanes, Franz Beckenbauer y compañía lograron la sorpresa: 2-1 para los locales. 4 años después (pero sin Cruyff), tuvieron otra oportunidad para ser campeones pero perdieron la final de nuevo contra los locales (esta vez Argentina) en tiempo extra.

3 – Hungría (1954)

Y de nuevo otra selección que no se coronó campeona. Desde que golearon a Inglaterra en un amistoso en Wembley (la primera vez que los ingleses perdieron en su templo), el equipo húngaro perfilaba como una potencia. Dicho y hecho arrollaron a todos sus rivales en el festín de goles que fue Suiza ’54: una de sus víctimas, Alemania, fue destrozada 8-3 en la primera ronda. Pero se toparon a los alemanes en la final de nuevo y aunque empezaron ganando 2-0, perdieron 3-2 en lo que se llama “el Milagro de Berna”. Tras la invasión soviética de 1956 y la subsecuente huída de sus estrellas (entre ellas Fernec Puskas) a otras tierras, este gran equipo no tuvo otra oportunidad de demostrar su supremacía.

2 – Uruguay (1930)

Habrán sido los primeros, en una época en que los porteros aún jugaban con boinas y los Europeos viajaban en barco hasta terriorio uruguayo pero eso no quita que hayan sido de los mejores. De hecho no fue por nada que el primero mundial fue celebrado en Uruguay: los celestes ya eran bicampeones olímpicos y merecían el honor más que cualquier otro país. Aún con la ventaja de locales, no les fue fácil ser los primeros en levantar la copa: en la final se enfrentaron a un potente equipo Argentino cuyos seguidores también abarrotaron el monumental Estadio Centenario. 4-2 ganaron los charrúas.

1 – Brasil (1970)

Sin discusión alguna. El primer tricampeón del mundo deslumbró con un jogo bonito que sigue sin igual en la historia de este gran deporte. Liderados por el inmortal Pelé, es fácil olvidar que este gran equipo contó con otras leyendas como Jairzinho, Rivelino y Tostao. La fulminante paliza de 4-1 a Italia en la final lo dice todo y aquella foto de Pelé en pos de revuelo total después de anotar es tal vez la foto más memorable de todas las copas (y un pequeño orgullo saber que ocurrió en el Estadio Azteca).

¿Y México? A mi parecer la mejor selección Mexicana fue la de Francia ’98. Vistosa y agresiva, nos dio cuatro partidos cardiacos en que ganamos o empatamos después de ir perdiendo (y nada menos que 2-0 frente a Holanda y Bélgica). Tristemente perdimos contra Alemania en el único partido que empezamos ganando (y que pudimos haber ido ganando por 2-0 si el “Matador” Hernández hubiera metido un gol casi regalado), pero fuera de eso, un mundial con pocos lamentos. La selección de 1986 tampoco fue nada mala: sexto lugar y no llegamos a la semifinal solo porque el árbitro nos anuló un claro gol por una dizque falta inexistente. Para variar el rival fue Alemania y para variar terminamos perdiendo en penales.

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Crónica de una muerte anunciada

June 29th, 2010 by Rodrigo

Se vale soñar

Como ya es ritual cada cuatro años, México ha sido eliminado de la copa del mundo en octavos de final. El verdugo: Argentina de nuevo, como lo fue en el 2006 y como lo ha sido en más de una Copa América. Admito ser uno de los pocos que no se dejó llevar por la ilusión de que teníamos la más mínima esperanza de ganarle a los argentinos. De hecho, para mi ese partido estuvo completamente carente de pasión. Como un paciente con enfermedad terminal, me senté a ver nuestra inevitable derrota con la única duda en mi mente siendo por cuántos goles íbamos a perder (confieso que más nervioso estuve en el partido de Alemania vs. Inglaterra, pero la magnífica muestra de efectividad teutona fue sin duda un regalo divino – ya sería mucho pedir otro milagro).

Se decía que llevábamos la mejor selección en años. Que teníamos casta para llegar no solo a cuartos – nuestro rehusado objetivo – sino tal vez hasta la semifinal. Quién quite y hasta la mismísima final. Y ciertamente la selección jugaba un fútbol vistoso, arriesgado y ofensivo. Jogo bonito, al estilo mariachi. Después de esa histórica victoria ante Francia, tal parecía que finalmente esos cantos de “sí se puede” tendrían alguna resonancia más que meramente emocional. Pero no. El resto fue un rudo despertar al hecho que seguimos y seguiremos siendo un peso ligero en el fútbol mundial ya ni siquiera a la talla de un equipo medio de Sudamérica (o sea, Uruguay). De pronto, la realidad de tener que jugar contra Argentina sofocó cualquier esperanza de llegar a cuartos o incluso a la semifinal. Total, si hubiéramos clasificado primero, seguro venceríamos a Corea. Y Ghana qué nos hubiera durado. Pero confiados y mediocres, perdimos el partido crucial contra Uruguay y el resto fue la crónica de una muerte anunciada. Al matadero para ser carnada de gaucho al igual que hace cuatro años.

Siendo el eterno cínico, me causa suma gracia ver el patriotismo barato que el Mexicano muestra durante cada mundial, sabiendo que no nos espera otra cosa más que una derrota humillante eventual. “¡Sí se puede!” gritan los paisanos, sabiendo que no, no se puede. Pero traidor el que no crea en el Tri. Pesimista el que no piense que vivimos en un universo paralelo en que ganarle a Argentina después de perder contra Uruguay es remotamente factible. Tal parece una cacería de brujas digna de la inquisición, filtrar a todo aquello que tenga la osadía de ser realista y no llevarse por la marea de idiotez colectiva que es “creer” en México durante el mundial. No, no creo en México por la misma razón que no creo en dios, ni creo en los reyes magos ni en los monstruos voladores de espagueti: hasta no ver, no creer. Y lo único que veo, es una larga y triste trayectoria futbolística, llena de pena y lejos de cualquier gloria. ¿No me creen?

  • Nos tomó 28 años obtener nuestro primer punto en un mundial. 32 años para nuestro primer triunfo. 40 años para nuestro segundo. 64 años para pasar a la segunda ronda fuera de nuestro territorio. 80 años y seguimos sin ganar un partido de la segunda ronda fuera de México.
  • Somos el equipo con más derrotas en la historia de los mundiales y la peor diferencia de goles también (y solo Alemania tiene más goles en contra pero eso porque han jugado casi el doble de partidos que nosotros).
  • En vez de mejorar, vamos empeorando. En 1998 y 2002 clasificamos sin perder en la primera ronda y en 1994 clasificamos de primeros en el llamado grupo de la muerte. Pero nuestro record en los últimos dos mundiales son apenas dos victorias (Irán y Francia revolucionaria), dos empates (Angola y Sudáfrica por amor de dios) y cuatro derrotas (Argentina dos veces, Portugal y Uruguay).

De pronto con ese récord histórico el “sí se puede” suena un poco vacío…

En fin, después de la euforia viene la cruda. El eterno lamento de que no hay amor por la camiseta, que fue culpa del técnico, que no supieron manejar la presión, etc. Pero lo que más me da risa es cuando se toma la pobre actuación de la selección como reflejo de la mediocridad nacional. Mira que tampoco la pongo en duda pero la última vez que miré, Argentina era un país igualmente subdesarrollado con un gobierno aún más inepto que el nuestro y una sociedad más corrupta también. Brasil no queda muy por delante tampoco. Y qué decir de Italia, no me digan que la Italia de Berlusconi es un estandarte de profesionalismo. Cabe mencionar que es – por mucho – el país más corrupto de Europa (más corrupto incluso que algunos países latinos). Pero ganan mundiales. ¿Mentalidad ganadora? No es el país, es la camiseta la que pesa. La historia, la tradición con el deporte es lo que cuenta así que ahorrémonos las explicaciones de mentalidad perdedora y enfoquémosla a lo que importa: porqué el país sigue en la mierda y no porqué 11 cabrones no pueden meter un gol. Y al igual que la culpa de la derrota no la tiene solo el entrenador, la culpa de la mediocridad nacional no la tiene solo el gobierno. La tenemos todos, empezando justamente por todos los patriotas patito que creen que ser buen Mexicano es solo cantar rancheras y echarse un tequila.

Con esta nota termino esta larga epifanía. De aquí mis porras irán para nuestro vencedor, Argentina, que merece levantar la copa otra vez. O qué, ¿acaso creen que 4 mundiales seguidos sin pasar de cuartos es menos doloroso para nuestros hermanos gauchos?

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Top Ten – Duelos aéreos

Guerra sin tregua en las alturas desde 1914 hasta hoy
March 5th, 2010 by Rodrigo

Caballeros del cielo en pleno combate

Los aviones han capturado la imaginación de la humanidad desque los hermanos Wright volaron por primera vez en 1903. Pero como todo gran invento humano, poco tardaría hasta que se les encontrara una aplicación militar. 15 años después, la Primera Guerra Mundial terminaría con miles de aviones de combate dentro de los arsenales de los contrincantes y el rol del avión cada vez sería más crucial en las guerras que siguieron. Para finales del Siglo XX, la tecnología aérea haría posible que una guerra se ganara prácticamente solita desde el aire.

A continuación los diez duelos más legendarios entre aviones durante toda la historia, duelos que harían quedar corto incluso a Top Gun.

10 – F-15 Eagle vs. MiG-29
(Guerra del Golfo, 1991 / Kosovo, 1999)

Último en la legendaria línea de cazas rusos MiG, el MiG-29 era el avión más avanzado en el entonces temible arsenal de Saddam Hussein. Pero 5 fueron derribados durante la Guerra del Golfo, todos a manos de F-15s estadounidenses. Años después, MiGs serbios se enfrentarían a su antiguo némesis y el resultado sería similar: 4 derribados sin victoria alguna. ¿Pero qué habrá sido de este duelo si los pilotos enemigos hubieran sido mejor capacitados? Nunca lo sabremos.

9 – Spad XIII vs. Fokker D.VII
(1a Guerra Mundial, 1918)

La tecnología aérea había dado un salto cuántico entre 1914 y 1918 y las fuerzas aéreas eran ya un componente elemental tanto para Aliados como para Alemanes. El Spad XIII representó la cúspide de la aviación francesa, equipando a sus grandes ases como también a los pilotos de la naciente fuerza aérea estadounidense. Los alemanes no se quedarían muy atrás con el Fokker D.VII. Tan bueno fue que tuvieron que entregarlos todos como condición del Armisticio.

8 – Mosquito vs. Bf 110
(2a Guerra Mundial, 1943-45)

Es fácil olvidar que el combate nocturno durante la Segunda Guerra Mundial fue casi igual de intenso y espectacular que el combate diurno. Además, fue un duelo de tecnología como fue también de aeronáutica. El Mosquito británico fue el principal caza nocturno aliado, exitoso gracias a su velocidad y adaptabilidad. Pero el venerable Bf 110 (veterano de la Batalla de Inglaterra) fue un oponente formidable que nunca dejó de ser una amenaza.

La Guerra Fría se vuelve caliente: Phantom contra MiG

7 – Sopwith Camel vs. Albatros D.III
(1a Guerra Mundial, 1916-17)

Un año después del “azote Fokker”, los alemanes volverían a conquistar los cielos Europeos gracias a los aviones Albatros. En manos de pilotos como Manfred von Richtofen (el Barón Rojo), el Albatros D.III era punto y aparte comparado a sus rivales. Eso es, hasta que una serie de aviones británicos devolverían la superioridad aérea a los Aliados. Entre ellos, el ágil y elegante Sopwith Camel que derribó más aviones que cualquier otro avión de la guerra.

6 – F-4 Phantom II vs. MiG-21
(Vietnam / Guerra de Yom Kippur 60s-70s)

El Phantom ha sido tal vez el caza más legendario de la posguerra, siendo utilizado no solo por EU sino por la OTAN y los aliados occidentales. Fueron ubicuos en Vietnam, como cazas y bombarderos y también vieron acción constante con la fuerza aérea israelí en varias guerras del Medio Oriente. Su gran rival fue el MiG-21, que si bien no era un avión tan avanzado, era letal en manos de un piloto competente – tal como Nguyen Van Coc que derribó 9 F-4s en Vietnam.

5 – P-51 Mustang vs. Fw 190
(2a Guerra Mundial, 1944-45)

A partir de 1943, los Aliados comenzaron el bombardeo sistemático de Alemania pero sufrieron pérdidas enormes debido a que los bombardeos no tenían escolta. El Mustang fue el primer caza capaz de llegar a Berlin, comenzando una batalla de desgaste contra el mejor caza alemán del momento, el Focke-Wulf Fw 190. Aunque parejos, la superioridad numérica de los estadounidenses destruyó a la Luftwaffe en apenas medio año – para D-Day ya no habría oposición.

4 – F6F Hellcat vs. A6M Zero
(2a Guerra Mundial, 1943-45)

Cuando los Japoneses atacaron Pearl Harbor en 1941, tenían a su disposición el mejor caza naval del mundo, el A6M Zero. El Zero dominó el Pacífico hasta la llegada del Hellcat estadounidense a finales de 1943. Pesado y rudo pero ágil, el Hellcat barrió al Zero de los cielos, notablemente en la famosa Batalla del Mar de Filipinas cuando derribaron docenas de Zeros con pérdidas mínimas. Luego combatirían al Zero en su nuevo rol: como Kamikaze.

3 – Nieuport 11 vs. Fokker E.I
(1a Guerra Mundial, 1915-16)

Fue el primer gran duelo de la guerra que vería el nacimiento del combate aéreo. Los alemanes pegaron primero con el Fokker E.I, el primer biplano capaz de disparar a través de su hélice, dándole una precisión incomparable. Pero los Aliados respondieron con el Nieuport 11 francés, que pronto superaría a su rival alemán y le daría fin al llamado “azote Fokker” de 1915-16 donde parecía que nada ni nadie le restaría supremacía aérea a los aviones del Kaiser.

Spitfire: el avión que cambió la historia

2 – F-86 Sabre vs. MiG-15
(Guerra de Corea, 1951-53)

Los jets hicieron su debut durante los últimos meses de la 2a Guerra Mundial pero el primer combate entre ellos tuvo que esperar 5 años, hasta la Guerra de Corea. Técnicamente, el avión ruso tenía una leve ventaja sobre el Sabre – sin embargo, la calidad de pilotos determinaría el resultado y los veteranos aviadores de los Estados Unidos (muchos de ellos con experiencia en la 2a GM) prevalecieron sobre los pilotos comunistas.

1 – Spitfire vs. Bf 109
(2a Guerra Mundial, 1940)

La madre de todos los duelos aéreos en la madre de todas las batallas aéreas. La Batalla de Inglaterra en 1940 fue la primera campaña militar librada enteramente por aire y enfrentó al orgullo de la Real Fuerza Área, el Spitfire, contra el caza que conquistó los cielos europeos durante del Blitzkrieg alemán, el Messerschmitt Bf 109. Parejos ambos cazas, la victoria fue para los locales – una victoria agónica pero que salvó a los Aliados de la derrota total.

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Chica del 2009: Zooey Deschanel

February 14th, 2010 by Rodrigo

Personalidad mata carita. Pero la carita ayuda

Generalmente hay dos tipos de amores platónicos en la pantalla grande. Están las Angelina Jolie y Scarlett Johanssen: divas, perfectas (bajo el estándar popular de la perfección por supuesto, a mi juicio ambas se me hacen bastante equis), imposibles para nosotros los meros mortales. Pero, ¿se imaginan tener una conversación profunda y filosófica con cualquiera de ellas? Seguro que no. Es por eso que tenemos otro tipo de amor platónico: como se dice en inglés, the girl next door. Es la chica con la sonrisa de oro, con personalidad divertida y original, simpática y encantadora si bien algo extraña, hasta rara. Pero es esa rareza que le da su je ne sais quoi y las separa del montón. Además, las hace accesibles: en el fondo todos pensamos que algún día tendremos la suerte de toparnos con una chica así y que nos hará caso.

Zooey Deschanel es un caso ejemplar de este tipo de chica como ya sabrían si vieron algunas de sus películas anteriores como The Hitchhicker’s Guide to the Galaxy o Yes Man. Es por eso que su rol protagónico en (500) Days of Summer (a mi juicio la mejor película romántica de la década) le cupo como guante. Sí, fue una película un poco dolorosa, especialmente al saber que los intentos de ligue de Joseph Gordon-Levitt inevitablemente terminarían en el fracaso. Pero no cualquiera tiene la fortuna de terminar con esta diosa de hipsters y geeks (bueno, en la vida real está casada con el cantante de Death Cab For Cutie lo cual sugiere que esto de la “selección natural” podría tener una que otra falla del lado femenino). En fin, aunque chicas como Summer simplemente son producto de la ficción cinematográfica, no cabe duda que caben más dentro del molde de la realidad que todas las demás divas de tabloide.

Y quien quite y ya conozcamos a una que otra. ¿Qué esperan, jóvenes?

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F1 vs. el mundo. El mundo gana

Oh sorpresa, el fútbol es más popular que el F1. Mucho más.
February 13th, 2010 by Rodrigo

¿Más popular que el fútbol? No way

Lo prometido es deuda. En el blog de Haplo, he prometido refutar de una vez por todas uno de los más antiguos debates que ha surgido en el transcurso de una larga amistad. Hablo del debate entre la Fórmula 1 y el fútbol. Antes que nada (y al igual que Haplo) admito que no soy la persona más imparcial en este asunto: hasta el más aburrido partido de fútbol se me hace mil veces más emocionante que cualquier carrerita de F1. De hecho, ni siquiera considero el F1 como un deporte, no por poner en duda el atletismo de los pilotos (no lo dudo), sino porque rehúso considerar como un deporte cualquier actividad en que la mayoría de la energía es emitida por una maquina en vez de un humano. Eso y porque ver carritos dar vueltas durante horas se me hace tan emocionante como ver pintura secar en una pared.

¿Más gente ve el F1 que el fútbol?

En fin, veamos los argumentos que presenta Haplo en su post (los mismo que cualquier fan de F1 repite ad infinitum). ¿Ya los leyeron? Bien. Proporciona una serie de números salidos de páginas de F1 (no lo más neutro del mundo) y lo peor es que ni siquiera se molesta en ver si son factibles. Eso es un poco problemático ya que no es ningún secreto que todas las organizaciones deportivas exageran sus figuras de audiencia global para presentarse como el deporte número uno del mundo (en vista de lo fácil que es inventar cifras para China, por ejemplo). La FIFA ha sido culpable (el encargado de las estadísticas de telespectadores aparentemente era familiar de Sepp Blatter). No duden que la F1 haga lo mismo.

Así que usemos cifras neutras.

Las cifras respetables para eventos deportivos del 2009 (fuente: una consultoría deportiva llamada Initiative que frecuentemente es citada en Reuters, la BBC, etc.) da como ganador a la final de la Champions League, con 109 millones de televidentes, ligeramente por encima del Super Bowl, con 106 millones. En tercer lugar, la final de la temporada del F1 tuvo apenas la mitad: 54 millones. Y eso que fue en un año sin Olimpiadas ni Mundial porque en ese caso la diferencia es aún más notable: esa misma consultoría ha estimado que la audiencia global para la final del Mundial del 2006 fue de 260 millones. Ojo que en el 2006, hubo no uno sino dos partidos de futbol que superaron a la final del F1 en vista de que la final de la Champions, con 86 millones de televidentes, superó a los carritos dando vueltas y vueltas. Incluso la ceremonia inaugural de las olimpiadas de invierno tuvo más: 87 millones. Ah y para hacer la comparación aún más drástica: un partido de la primera ronda del mundial del 2006 (Brasil vs. Croacia) tuvo 60 millones de televidentes. Así es, un partido puñetero del mundial tuvo fue visto más que la gran final del F1 tres años después.

Ah pero si Haplo insiste en usar sus figuras “oficiales”, aún así queda en ridículo la afirmación de que el F1 es mayor que el fútbol. Según los promotores de la Premier League, más o menos 600-700 millones de hogares alrededor del mundo ven un típico partido del Liverpool o el Manchester United, es más, fueron mil millones los que vieron el Man U contra Arsenal en el 2007. Las cifras oficiales del 2004-05 dan 517 millones de hogares en el mundo por semana en promedio, una cifra que subió a 575 millones para la temporada actual. Y por supuesto, esto representa solo una gota en el oceano en cuanto a posibles partidos de fútbol que son vistos cada semana alrededor del mundo. Según Haplo, el promedio de cada carrera de F1 era de 650 millones y que el total para la temporada 2001 fueron “54 billones”. Veamos porqué esto es matemáticamente ilógico. Si dividimos esos 54 mil millones entre 18, dan 3 mil millones de hogares por carrera. El problema, por supuesto, es que existen solo mil millones de hogares en el mundo con televisión. Pwned.

Lo peor es que esos “209 millones” que cita Haplo para la Champions League viene de Wikipedia. Si se hubiera molestado en seguir el link de la cita, resulta que te lleva a la misma lista de Initiative para el 2006 que yo cité arriba para dar con los 260 millones para el Mundial (los 209 se refieren a la audencia total a diferencia de la audiencia promedio). Y en vista de que ese mismo artículo cita la cifra para la final del F1, no es otra cosa más que uso selectivo de números. Básicamente, Haplo decidió usar su cifra inflada y exagera (y falsa) para el F1 y la comparó con la cifra real para todos los demás deportes aún sabiendo que había una discrepancia obvia y evidente. ¿Cómo sé que fue una omisión deliberada? Porque la misma página de Wikipedia donde viene esa cita dice claramente: “With a total audience of 209 million people the Champions League final 2006 surpassed the Super Bowl (151 million in 2006) as the most watched annual single sport event in the world by that time”. ¿Y qué, acaso el F1 no cuenta? Lo siento Haplo, pero no hay excusa alguna para tener cifras comparables y descartar las que no te convienen.

Finalmente, para terminar de destruir este argumento, hago referencia a la cifra de 202 países donde la F1 es transmitida. Esa cifra no la dudo – en nuestra era globalizada, hasta el mundial del ping pong seguro es transmitido en Timor del Este. Así que comparemos con el fútbol (y aquí no se puede decir que se exageraron los datos): el mundial del 2006 fue visto en 214 países y territorios. La Premier League en el 2004/05 fue transmitida en 195 y para el 2009/10 son 211. Según la UEFA, la Champions League se transmite en 230 países y territorios, no los 70 que cita Haplo.

En fin, francamente no sé en qué universo vive Haplo en el que piensa que el F1 es más visto que el fútbol alrededor del mundo. Es una afirmación que no solo carece de respaldo estadístico sino que desafía la lógica. Hay alrededor de 18 carreras de F1 al año. 18. Ergo, la audiencia global de F1 se divide entre 18 carreras. En cambio, la audiencia global de futbol se divide entre miles de partidos al año en docenas de ligas. Tan solo la Premier League de Inglaterra, la liga de fútbol más seguida, son 380 partidos. Ya vimos que cada semana de la Premier League es vista por la misma cantidad de gente que una semana típica de F1 (usando las cifra infladas) y son casi el doble de semanas de fútbol que de carreras de F1. Y hay docenas de ligas. Do the math.

¿Los pilotos de F1 ganan más que los futbolistas?

¡Pués obvio! Hay 2-3 pilotos por equipo. Hay más de 30 jugadores de fútbol por equipo de los cuales seguramente más de uno (en los equipos grandes) son superestrellas multi-millonarias. Además, algunos deportes tienen topes salariales: en la NFL por ejemplo, hay un tope de $128 millones. Son 32 equipos por lo que hay $4.1 mil millones en puros salarios. Suma los salarios de los pilotos de F1 y dudosamente llegarán a la mitad. Y si quieren saber las cifras para los equipos de fútbol, son aún más estratosféricas: el Chelsea gastó £173 millones (alrededor de $275 millones) en el 2008/09 y el Manchester United también repentinamente supera los £120 millones. Pero pura matemática: si McLaren ganara lo mismo, solo lo tiene que dividir entre dos. Chelsea lo divide en más de 30.

Haplo seguramente tratará de desmentir este argumento, pero las cifras lo respaldan. ¿Quién ha sido el atleta mejor pagado en el mundo en los últimos ocho años según Forbes? Tiger Woods ($110 millones, más del doble que el segundo mejor pagado). Y en el 2009, otro golfista (Vijay Singh) estaba con más de $30 millones de ganancias. Según Haplo pues, el golf debe ser el deporte más popular del mundo debido a que salario equivale a popularidad. Pero sería absurdo pensar que el golf vuelve loca a la humanidad. Más bien es que las ganancias se las reparte un solo hombre. En el F1 se las reparten dos o tres. Y con esto en mente, no es tan extraño que haya más basquetbolistas que beisbolistas o jugadores de fútbol americano siendo que estos dos últimos deportes son más populares en los Estados Unidos: hay solo 13 jugadores de básquet por equipo, comparado a 40 por equipo de béisbol y más de 50 por equipo de fútbol americano.

En fin, los deportes son peras y manzanas. Me extraña que Haplo no se haya dado cuenta. Pero sí hay una manera de compararlos: su valor de mercado. Forbes cada año saca una lista de los equipos más valiosos del mundo y adivinen quiénes ganan. Sip, los de fútbol: el Manchester United tuvo un valor de $1.8 mil millones en el 2009. Los Cowboys de Dallas (NFL) fueron segundos con $1.6 mil millones. Ningún equipo de F1 está en la lista aunque admito que bien podrían haber no sido considerados como “equipos” (pero a menos de que me demuestren lo contrario, pensaré que sí). De cualquier manera, el asunto del valor de un equipo depende de sus patrocinadores y el F1 es una bestia diferente a cualquier otro deporte en vista de que los equipos ya están intrínsicamente ligados a una compañía.

Peras y manzanas.

Lo que Haplo no quiere escuchar

Conclusión: El futbol es el deporte más grande del mundo. Punto. Ámenlo u ódienlo, esto trasciende cualquier opinión personal que tengan sobre los dos respectivos deportes – las cifras respaldan esta afirmación y la lógica también. Nadie niega la popularidad de la F1 pero cuando se considera que es una audiencia global anual que se tiene que dividir en 18 carreras, el resultado es que cada carrera parece más popular de lo que es. No es un fenómeno deportivo, es un fenómeno estadístico. Pero el futbol, incluso una solo liga como la Premier League, por mucho opaca al F1. Ya ni hablar de todas las demás y ya ni hablar del Mundial.

Reto a que me demuestren lo contrario.

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Anuario 2009: Espectáculos

¡El rey ha muerto!
February 10th, 2010 by Rodrigo

Ya sé, no empecé este blog para que terminara siendo una versión en-línea de TV y Novelas. Pero seamos honestos, escaparnos de la farándula es como tratar de escapar de la gripa porcina: ¿para qué hacer el intento? Salvo que vivan como ermita en una cabaña montañosa en el Tíbet seguramente no pudieron evitar enterarse que el rey del pop murió, o que Susan Boyle cantó Les Miserables, o que Lady Gaga se vistió como algo salido de un viaje de peyote de Donatella Versace. Nos guste o no, la farándula nos la alimentan por las venas y nuestra resistencia es fútil.

La Celebridad: Michael Jackson

Cada año alguien termina dominando inevitablemente el mundo del espectáculo. A veces son estrellas transitorias – las vemos un año y luego desaparecen entre las Nébulas. Pero algunas han sido visibles durante años, cada vez dándonos una nueva razón para perder nuestro tiempo averiguando qué babosadas hicieron esta vez. Para nuestra generación, pocos personajes han dado más que hablar que el rey del pop, Michael Jackson. Ya sea por su transformación física de hombre negro a mujer blanca a alienígena andrógeno (díganme por favor quién más ha logrado trascender las barreras de la raza, el género y la especie planetaria. Nadie), sus controversiales relaciones con jóvenes pre-pubertos, o su caida hacia la irrelevancia musical, algo que supuestamente iba a cambiar con 50 conciertos en Londres. 50. Las apuestas corrían sobre cuántos conciertos podría dar antes de colapsar – yo me iba a 5 o 10 máximo – pero el destino nos anticipó la jugada. El rey del pop murió – su muerte tan extraña y controvertida como su misma vida – y de la nada, la MJ-manía regresó con toda fuerza: en la radio, en la televisión, en los antros. Fue 1987 otra vez y por un momento la gente olvidó que detrás del fedora y el guante habitaba un alma atormentada. ¿Cuál será el legado final de MJ? No sabremos, pero mientras tanto, déjeme escuchar “Smooth Criminal” otra vez…

Cambiando de tema, odio hablar de películas. Para empezar, no soy crítico de cine lo cual significa que si veo el 1% de todas las películas que salieron en los cines durante el año es mucho. No, no esperen que haya visto la más reciente comedia romántica de Jennifer Aniston o Kate Hudson. Tampoco esperen que vea la más reciente obra de arte del cine europeo que seguro hizo babear a cuanto crítico francés pseudo-Marxista hay. Mucho menos esperen que vea cualquier película donde el vampiro principal sea un adolecente emo con problemas para asolearse.

La Película: Star Trek

Lo que sí pueden esperar que haya visto es la reencarnación de una de las series de ciencia ficción más legendarias de todos los tiempos: Star Trek. Ojo que en el eterno debate entre los Trekkies y los Jedi, siempre me fui por los Jedi. Era obvio porqué: las naves pateaban más trasero, Darth Vader era la neta del planeta (cualquier planeta), y había algo infinitamente más espectacular entre una pelea de sables de luz que de los phasers que hacían piu piu y ya. Pero seamos honestos, entre Jar Jar Binks, el romance ridículo entre Anakin y Padme y el exceso de CGI, la nueva trilogía de la galaxia lejana dejó a ratos un mal sabor de boca. Afortunadamente, lo mismo no se puede decir de la nueva reencarnación de Star Trek. J.J. Abrams, genio de genios (sigan leyendo y les daré otra razón para hacerle un altar) literalmente revivió con su toque de Midas, una franquicia olvidada en la pantalla grande. Y qué manera tan espectacular de hacerlo. Efectos creíbles, un elenco perfectamente desconocido (excelente Chris Pine haciendo su mejor impresión de Maverick en Top Gun, y Zachary Pinto como Spock no se queda nada atrás), y una secuela segura hace pensar que será la franquicia espacial de la nueva década.

Eso te pasa por dormirte en tus laureles, Lucas. Aparte de Star Trek, otras películas merecen mención. The Hangover fue por mucho la comedia del año, y seguro nos hizo pensar ‘alguna vez quisiera pasar una noche así’, ¿o no? Me declaro culpable. Por otro lado, el premio para película que más trasero patea en dos horas se la lleva Tarantino (para variar) y su épica de la Segunda Guerra Mundial, Inglorious Basterds. Una dosis ecuánime de violencia y comedia, es un placer para todos aquellos que nos gustaría haber tenido el honor de matar a un Nazi, o de preferencia, unas cuantas docenas. Odio también mencionar una comedia romántica pero (500) Days of Summer fue punto y aparte en esta categoría. Brillante película sobre lo cruel que puede ser el amor, y pieza perfecta para demostrar los dotes de la novia de todos los indies y hipsters, Zooey Deschanel.

La Serie: Fringe

En cuanto a la pantalla chica, estoy un poco sesgado por el hecho de que Supernatural es tal vez la mejor serie que jamás haya visto en toda mi vida. Ya en su quinta temporada, el show se ha convertido en un clásico de culto y no es para menos: agregar la dimensión religiosa fue un acierto riesgoso pero ha funcionado de maravilla y no puedo esperar más para ver el climático y apocalíptico final que nos espera éste verano. Pero si de emoción se trata, Fringe tampoco queda muy atrás. Inspirado sin duda alguna por X-Files pero con ciencia loca sustituyendo las conspiraciones extraterrestres, es todo lo que uno podría esperar para la ciencia ficción televisiva. Veamos: doctores chiflados. Claro. Experimentos humanos. Ajá. Dimensiones desconocidas. Por supuesto. Leonard Nimoy haciendo una aparición sorpresiva al final de la temporada. Yeah.. Y lo mejor de todo es que al parecer no hay límite en cuanto a las posibilidades de llevar esta serie a los extremos de la imaginación, lo que hace que cada episodio sea una sorpresa muy grata en el tema de lo bizarro, grotesco y fantástico. ¿Y de quién más pudo salir esta joya televisiva? J.J. Abrams.

Pues allí están. La mejor razón para haber ido al cine en el 2009 y la mejor razón para quedarse en casa viendo algo un poco más interesante e inteligente que la novela de moda. Y bueno, seguiremos de luto por la muerte del rey del pop, sin saber si esos zapatos de brillo algún día sean llenados. Michael, los fans de tu música lamentamos la pérdida de un ícono de la música popular, tal vez el más grande desde los Beatles y Elvis.

Pero presiento que uno que otro niño pre-puberto estará durmiendo tranquilo.

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Anuario 2009: Deportes

¿Quién necesita olimpiadas o mundial?
January 27th, 2010 by Rodrigo

Los años nones generalmente no tienen la rimbombancia deportiva que los pares. Será tal vez porque los dos grandes eventos deportivos que involucran a la humanidad entera ocurren en los pares: las olimpiadas y el mundial de fútbol. Pero el 2009 tuvo de todo y es casi imposible encontrar un deporte en que algo inesperado, espectacular o controversial ocurrió. Bueno, casi cualquier deporte: no sigo el ping-pong.

El Deportista: Roger Federer

Empecemos con lo inesperado. ¿Habían escuchado del curioso caso de Jenson Button en 2008? Lo más probable es que no, pero eso no haya quitado que ganara el campeonato de F1 con nada menos que seis carreras ganadas de las primeras siete. Del deporte más veloz, al más lento: los Yankees ganaron la Serie Mundial. Esto no debería ser inesperado, considerando que los bombarderos del Bronx son el equipo más rico y más repleto de talento de las Ligas Mayores. Pero eso no se había traducido en un campeonato hasta el año pasado, tras derrotas agónicas y cardiacas en el 2001 y el 2003. Finalmente, qué decir del Super Bowl XLIII (ya por favor, usen números). Inesperada la manera en que los Cardenales, a quién nadie les daba un quinto, llegaron a la fiesta grande para una cita con los favoritos Steelers. Lo que siguió fue lo que muchos han considerado el mejor Super Bowl de todos los tiempos: una dramática recuperación de los Cardenales para tomar la delantera bajo la genialidad del veterano guerrero Kurt Warner el jóven y vivaz Larry Fitzgerald faltando tan solo dos minutos. Pero la madre de todas las sorpresas terminó en desilusión: los Steelers ganaron al mero final.

Seguimos con lo espectacular y no sé por dónde empezar. Tal vez mencionando cómo el hombre más rápido del mundo (el apropiadamente nombrado Usain Bolt) rompió sus propios récords establecidos en las olimpiadas de Beijing. O tal vez hablando de Roger Federer, que un año antes parecía haber sido opacado por Nadal, pero que en el 2009 recuperó la casta como el mejor tenista del mundo. No solo eso, tal vez el mejor tenista de todos los tiempos. Regresó a la cúspide del los rankings y rompió uno de los récords más sagrados del deporte: los 14 torneos de Gran Slam que en alguna vez le pertenecieron a Pete Sampras. Admito que la humildad nunca ha sido su fuerte – ese “15” dorado cosido sobre su chaqueta después de aquel legendario partido contra Andy Roddick en Wimbledon no fue el epitome de clase. ¿Pero alguna vez habían visto un quinto set más cardiaco en todas sus vidas? Yo no. En fin, no puedo negar que me hubiera gusto ver a Sampras quedarse con ese récord pero hay que reconocerlo: Federer no es de este mundo y fuimos una generación privilegiada por haberlo visto jugar.

El Equipo: FC Barcelona

A nivel de equipo hubo otro que pareció no ser de este mundo: el FC Barcelona. Mayor colección de talento futbolístico difícilmente se ha visto y por eso no fue nada sorpresivo que hayan ganado La Liga con un récord de goles (105 y una diferencia de +70) incluyendo una espectacular victoria de 6-2 contra su gran rival, el Real Madrid en el mismísimo Bernabeu. No conformes con el campeonato nacional, decidieron coronarse como reyes de Europa tras un 2-0 contra el gran favorito Manchester United en la final de la Champions (y ese 2-0 pudo haber sido mucho mucho más – le dieron un baile a los pobres ingleses). Siguiente paso: el mundo y la Copa Mundial de Clubes también fue suya. Triple gloria. No, séxtuple gloria, porque resulta que ganaron la Copa del Rey, la Super Copa de España y Super Copa de la UEFA también. Ningún equipo de fútbol del mundo ha ganado seis trofeos en un año lo cual deja un poderoso argumento para considerar al FC Barcelona del 2008-09 como tal vez el mejor club de fútbol de todos los tiempos. ¡Qué mal año para haber sido Merengue!

Y para terminar, lo controversial. En el 2009 controversia deportiva tuvo un solo nombre: Tiger Woods. El otrora niño sano del deporte, la superestrella más marketeable, cuya cara aparece en anuncios de Gillette y de Accenture (entre docenas de otros patrocinadores), dejó de ser el ícono deportivo (y étnico) par excellence para convertirse en carnada para tabloides gracias a su previamente secreta doble vida sexual. De héroe Americano a chico malo. Y decían que el golf era aburrido. Pero no fue el único deportista que sufrió un golpe a su impecable lustre: Michael Phelps y sus porros, Thierry Henry y sus manos. El primero, demostrando que un poco de mota hace maravillas en la piscina. El segundo mostrando que la FIFA necesita urgentemente tomar acción contra el mal arbitraje (y contrario a lo que piensa Blatter y sus secuaces, no es un problema que se va a evaporar por cuenta propia).

No es para menos, es un año de mundial. Otro error como ese y el “juego bonito” podría terminar como el juego cochino ante los ojos de toda la humanidad.

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Anuario 2009: Música

El indie ha muerto, ¡viva el indie!
January 25th, 2010 by Rodrigo

El capitalismo tal vez no haya muerto en el 2009 pero algo más sí parece estar ya dando sus últimos respiros. Indie rock. Bueno, sigo sin saber exactamente qué significa el “indie” per se (hace una década la misma pregunta me hacía con respecto al igualmente ambiguo término de “música alternativa”), pero podemos hablar de música influenciada por el sonido ochenteno, particularmente el post-punk. Este género, ejemplificado por bandas como The Strokes, Interpol, The Killers, Bloc Party et al fue – a mi juicio – lo más rescatable de una década que de otra forma se hubiera caracterizado por el pop barato de Britney y los boy bands, o de – esperen mientras vomito – del emo. My Chemical Romance, ¿banda de la década? Trágame tierra.

El Álbum: Wolfgang Amadeus Phoenix

Pero en el 2009 el buen indie post-punkero brilló por su ausencia. Salvo Franz Ferdinand, ninguna de las grandes bandas sacó álbum nuevo en todo el año e incluso lo último de F.F. no fue tan fenomenal (malo no, pero olvidable dentro del gran esquema del universo). Peor tantito, las bandas que inspiraron a estos grupos tampoco tuvieron un gran cierre de década. Nuevo disco de U2: decepcionante. Depeche Mode: decente pero lejos de ser una joya dentro de su glorioso repertorio. Es cierto, hubo uno que otro destello de genialidad por parte del talento nuevo tal como Bat for Lashes y los Friendly Fires, mostrando que el fuego indie todavía no se ha extinguido del todo. Pero hubo una que otra grata sopresa alredor del mundo. Australia, por ejemplo, introdujo a The Temper Trap, una prometedora banda que sonaron por primera vez gracias al soundtrack de 500 Days of Summer. Tal vez no sean los roqueros más aguerridos pero, ¿acaso el mundo no necesita un poco de amor y ternura este año? Total, en el 2009 hasta Pearl Jam dejó las tinieblas y se volvieron – me atrevo a decirlo – pegajosos.

En fin, el 2009 careció de un gran álbum, uno de aquellos que dentro de diez años seguirá dando de qué hablar. Pero unos franceses llegaron más cerca que nadie a lograr esta máxima gloria. Hablo de Phoenix, otrora desconocidos que finalmente pisaron fuerte, invadiendo terreno ocupado por los indies ingleses como ningún francés ha hecho desde la invasión Normana (para los que reprobaron historia, eso fue hace casi un milenio). No sé si sueñen ser tan grandes como los compositores que evocan en Wolfgang Amadeus Phoenix pero definitivamente tienen la maña de hacerse escuchables de principio a fin (ayuda tener sencillos pegadores como “1901” o “Lisztomania”). Y con un opus como “Love Like a Sunset”, ni quienes duden de sus dotes musicales. Tal vez se les puede criticar que nunca se desvían mucho de su estilo, o que la letra sin sentido podría chocar con aquellos que buscan la profundidad lírica de Bob Dylan. Aún así, fue un disco de primera que medio rescato lo que de otra manera fue una año olvidable para el rock.

El Artista: Lady Gaga

¿Qué nos espera para la nueva década si el indie muere? ¿Qué género llenará el vació? ¿Dejaremos los sintetizadores ochentenos por el renacimiento del grunge noventero? No es inconcebible: Pearl Jam sigue vivo y con una dosis de nostalgia, podrían estar tocando el nuevo “Jeremy”. Otro preludio para un “90s revival” también podría ser la reciente reunión de Soundgarden, una de las bandas más icónicas de la era grunge. Pero aún así es muy temprano para saber como sonarán los años ’10. Lo que si estoy casi seguro es que ya sabemos cómo se van a ver y como se van a vestir. Pista número 1: rubia (falsa), muy rubia (muy falsa). Pista número 2: se disfraza con los vestidos y atuendos más estrafalarios y ridículos que desfilan en las pasarelas de Paris y Milán. Sí, esos que jurarían y perjurarían que nadie se atrevería a ponérselos. Nadie excepto ella, por supuesto (y Sacha Baron Cohen haciéndole de Brüno). Pista número 3: no hay día en que sus disparates no sean noticia de tabloide de aquí a China (hasta bin Laden ha de estar al tanto).

Ha comenzado la década de Gaga.

¿Exagero? No para nada. El 2009 fue el año de Gaga y fue solo una probadita. Tengo que reconocer, sin embargo, que no quedé inicialmente muy convencido – si bien The Fame tuvo sus momentos de excelencia, a ratos parecia que la señora Gaga no encontraba un estilo propio. The Fame Monster cambió todo eso. Cierto, las influencias de Madonna no solo fueron obvias – son a rato descaradas – pero tal vez un baño de inspiración era lo que necesitaba. Además es imposible odiar a Gaga. Admito que sus excesos y su vestimenta estrafalaria pueden ser demasiado a ratos pero alguien tiene que dar de qué hablar estos días. Pero dejando al lado sus dudosos gustos por la moda y su perversa vida personal, hay una artista que por primera vez parezca capar de lograr lo inconcebible: destronar a Madonna como la nueva reina del pop.

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Anuario 2009: el Mundo

La Gran Recesión y la superpotencia que se escapó del abismo
January 22nd, 2010 by Rodrigo

El 2009 fue el año de la Gran Recesión. No hubo una pregunta más resonante que saber qué diablos iba a pasar con la economía mundial, con nuestros empleos, con nuestro estándar de vida. En los primeros tres meses del año, tal parecía que todo iba en picada, que nada nos salvaría del abismo. ¿El fin del capitalismo? ¿El fin de la civilización tal como la conocemos? ¿No más iPhones? Cuan terrible y desastroso haya aparecido ese escenario, en Abril surgió una posibilidad aún peor que morir pobres y desempleados (y sin iPhones): morir en medio de una pandemia mundial de gripa. Un virus terminaría lo que unos avaros banqueros de Wall St. comenzaron.

Claro, al final la temida gripa porcina no fue tan letal como al principio se pensó. Pero la Gran Recesión fue bastante real, particularmente para aquellos que vieron sus ahorros desaparecer, o que perdieron sus empleos o que de plano tuvieron que vivírsela un poco más duro de lo que habían esperado – y bajo este estándar prácticamente nos podemos incluir todos (salvo que trabajen para Goldman Sachs o JPMorgan en cuyo caso estarían en un yate en las Maldivas en vez de estar leyendo este blog). Pero pudo haber sido peor. Mucho peor. Y no fue peor gracias a que un país resistió ser arrastrado por la marea que hundió a la economía. Ese país fue China.

Los Personajes: Hu Jintao, Wang Qishan y Zhou Xiaochuan

La manera en que China libró la peor crisis económica desde la Gran Depresión es algo que merece más halago y admiración que cualquier otra hazaña en su historia post-revolucionaria. Enfrentándose ante un desplome catastrófico de sus exportaciones, su solución fue simple: gastar. Mucho. El gobierno chino impulsó un plan fiscal que le hubiera dado un orgasmo a Keynes (proporcionalmente, fue el más grande del mundo y por mucho opacó el de los Estados Unidos) al mismo tiempo que ordenaron a sus bancos que prestaran – el crédito se disparó y el consumidor chino no lo desaprovechó. También evitaron toda presión de los Estados Unidos y Europa para apreciar su moneda (un tema controversial ya que su débil moneada contribuye significativamente a que sean tan competitivos). Mientras que otras economías se desplomaron, la economía china creció 8.7% en el 2009 – ¡ya quisiera México crecer la mitad de eso en un año bueno! En el 2009 superaron a Alemania como el principal exportador mundial. Superaron a los Estados Unidos como los principales consumidores de automóviles. Superaron a Japón como la segunda economía más grande del mundo. Y todo esto en medio de una recesión.

Es por eso que el liderazgo chino merece su reconocimiento. Hay pocos países en el mundo que inspiran más repudio y reproche que los chinos, mucho de lo cual no es otra cosa más que envidia y arrogancia Occidental (con un toquecito de racismo también). Que invaden nuestros mercados. Que juegan sucio. ¿Pero quiénes somos para darles una lección de cómo manejar una economía cuando en un cuarto del siglo han sacado a cientos de millones de sus ciudadanos de la pobreza? ¿O cuando en ese mismo cuarto de siglo se transformaron de una sociedad agrícola atrasada a una superpotencia industrial? Sí, ha sido un proceso brutal, ha sido con mano dura y el éxito económico no hace perdonable su récord abismal en materia de derechos humanos. Ha sido con métodos que ninguna democracia liberal se podría habría dado el lujo de emular. Pero lo hicieron. En el 2009 los personajes del año fueron ese triunvirato de líderes chinos que tuvieron las riendas del poder económico de la nación: el Presidente Hu Jintao, el Vice-Premier Wang Qishan y el gobernador del Banco Popular de China, Zhou Xiaoshuan. Salvo el primero, ni quien conozca a los otros siendo que pueden presumir logros que opacarían a los de cualquier Premio Nobel de la Universidad de Chicago.

Los Héroes: La Generación Perdida

Pero con todo y el éxito de China durante la Gran Recesión, hubo otros héroes, héroes silenciosos alredor del mundo, víctimas de una injusticia que se les impuso contra su voluntad. Héroes que hicieron sacrificios por salvaguardar sus patrimonios y sus familias. Sin querer sonar marxista, esos héroes fueron los obreros del mundo. Campesinos también. Oficinistas y burócratas, carpinteros y albañiles se pueden agregar a esta lista de héroes anónimos. Incluso los afortunados que no perdieron su empleo muchas veces tuvieron que aceptar salarios reducidos ya ni hablar de la incertidumbre perpetua de no tener garantizados sus ingresos de cada quincena o cada mes. Y qué decir de los recién graduados que vieron paralizadas sus esperanzas de comenzar una carrera laboral digna y segura: en algunos de los países más afectados por el desempleo como España ya se habla de una generación perdida. México no queda muy lejos, peor considerando que tenemos una industria que no rechaza a sus aplicantes: el crimen.

Sufrieron en silencio durante el 2009. Pedir que repitan el sacrificio en el 2010 es una delusión que cualquier gobierno – ya sea rico, ya sea pobre – haría bien de evitar.

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Anuario 2009: México

Gripa porcina, otra crisis y el nuevo héroe del pueblo
January 17th, 2010 by Rodrigo

La Noticia: La gripa

Annus horribilis. El año horrible.

¿Acaso hay otra manera más apta para describir el peor año en la historia Mexicana reciente? Mira que hemos tenido malos tiempos en las décadas más recientes, sea el caos social y la represión del ’68 o el no-tan-lejano ’94 donde tuvimos un levantamiento armado, asesinatos políticos y el infame “error de diciembre”. Pero no sería una exageración afirmar que el 2009 se lleva la corona. Cuan dramática haya sido la mini-guerra zapatista, la brutalidad de la guerra contra el narco llegó a límites incomprensibles para un país que nominalmente se dice una democracia y se dice en paz. Y si bien las crisis del ’82 y ’94 fueron devastadoras, la crisis actual no se queda muy atrás (técnicamente ha sido incluso peor). Agreguen a esto la pandemia de gripa que a la mera hora no fue nada más que un catarro potente, pero que paralizó al país durante Abril y Mayo. AMás apocalíptica no pudo ser aquella primavera, sabiendo también que la economía mundial estaba tumbada en la lona también.

Pero ámenlos o ódienlos, los chilangos sacaron la casta – una casta honorable, para la sorpresa de muchos. Y el mundo se dio cuenta. Pocos acontecimientos en el 2009 causaron más admiración alrededor del mundo de cómo la segunda ciudad más grande del mundo enfrentó lo que pudo haber sido una tragedia incomprensible si el virus hubiera sido tan letal como al principio se temió. Pero no solo fueron las imágenes de calles desiertas y hospitales llenos – fue también la manera tan peculiar en que los chilangos enfrentaron la muerte (casi) segura. Fue la manera más mexicana posible: con el humor macabro que nos caracteriza como raza. ¿Acaso los chinos hicieron lo mismo cuando les pegó el SARS? ¡Inconcebible! No es frecuente que encontremos una manera de sentirnos verdaderamente orgullosos de algo, pero esta primavera sí. Lástima que tomó un desastre potencial para sacar lo mejor de nosotros.

El Personaje: Juanito

Fuera de eso, el 2009 fue dominado por la incompetencia política y económica de nuestro gran líder y su gabinete de ineptos. Tal parece que nada pudieron hacer bien, tanto para combatir el narco como para acolchonar los efectos de la crisis económica mundial. No debe sorprendernos, pues, que los llamados para que Calderón renuncie ya suenan aunque las consecuencias parecen ser ignoradas por los que quieren que el pelele se largue de Los Pinos. Los años ’10 pesan en nuestra historia. Pero he aquí lo más triste de la situación mexicana de hoy: ¿a quién más irle? ¿Quién asumiría el vació de poder? ¿Dónde están nuestros Hidalgos o nuestros Maderos? No hay.

Pero no hay ausencia de pretendientes para el título de héroe popular del siglo XXI. Para uno de ellos, su ambición no es dar el Grito desde el Palacio Nacional (aunque júrenlo que lo sueña). Es más, hace tan solo unos años, su ambición era simplemente hacer que su equipo de fútbol llanero ganara los torneos de barrio. Pero en el 2009, este colorido personaje protagonizó el drama político más fascinante y más ridículo del año. Fascinante porque agarró a todos de sorpresa, revelando las turbias relaciones de su partido en el corazón de su bastión político. Ridícula porque expuso la inmadurez y la falta de profesionalismo en la cultura política mexicana, una cultura más digna de un circo que de un país emergente. Este fascinante y ridículo personaje es nada menos que Juanito. Pocas personas podrían genera tanta injuria. La izquierda lo odia por traidor; la derecha, por naco.

Los Villanos: Felipe Calderón y Agustín Carstens

Pero para cualquier persona con medio cerebro, el mero pensar de que alguien como él podría gobernar a casi dos millones de mexicanos debe ser una idea aberrante. No hay duda que México necesita un líder con empatía hacia los más marginados, que se identifique con ellos, incluso que surja de sus rangos. Para muchos ese líder fue AMLO pero sus locuras post-electorales eliminaron cualquier afinidad por parte de los que al menos simpatizaban con su causa (me incluyo entre ellos aunque no haya votado por él). Lo que queda evidente es que necesitamos Lulas, no AMLOs ni mucho menos Juanitos. Y para eso, necesitamos un milagro. En cambio, tenemos a un pelele. Tenemos a nuestro incompetente presidente cuya bajeza de estatura solo es igualada por su bajeza de carácter y limitada competencia para el trabajo que el pueblo mexicano le encargó. Apostándole a la mano dura para combatir al narco, ha descuidado desde el primer día de su mandato las vastas necesidades sociales que alimentan no solo la pobreza y desigualdad sino el crimen y la violencia también.

Y no le echen la culpa a la crisis actual (ni a AMLO como siguen haciendo los panistas más chiflados): el “presidente del empleo” ha visto el desempleo crecer desde que asumió el poder, y lo mismo ha sucedido con la pobreza que por primera vez desde la crisis del ’94 ha aumentado (repito: esto desde antes de la crisis). Como si eso no fuera suficiente, Felipe y su brillante equipo económico (liderado por nuestro querido Chicago Boy, Carstens) decidieron que la factura de la crisis se la van a pasar a la desmoralizada clase media y obrera: más impuestos en medio de una crisis.

Keynes se está retorciendo en su tumba.

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Canciones favoritas del 2009

¿Qué tienen Lady Gaga y Pearl Jam en común? Estar en esta esta lista
January 7th, 2010 by Rodrigo

Qué, ¿acaso no saben quienes son estos?

La década llegó ya a su fin y es momento de recapitular sobre lo mejor (y peor) de lo que sonó en el 2009. Para empezar, tal parece que el “post-punk revival” está sufriendo una muerte rápida e inevitable (aparte de un otrora grupo francés desconocido, Phoenix, que nos dieron uno de los pocos grandes álbumes del año a mi parecer). Y los veteranos ochenteros que regresaron a los escenarios – U2 y Depeche, por ejemplo – parece que sufrieron de atrofia musical.

Ante esta virtual extinción de todo lo que había tomado como sagrado en los últimos años (esta época dorada del indie que parece que se desinfló en sintonía con la economía mundial), nuevas especies llenaron el vació, particularmente una especie estrafalaria llamada Lada Gaga (estoy suficientemente seguro de mi masculinidad para afirmar que fue otro de mis discos favoritos del 2009), una especie fiestera llamada Black Eyed Peas y uno que otro rockero tradicional como Kings of Leon y Pearl Jam. Pero, ¿qué fue lo que resonó más en mis tímpanos durante el 2009? Una dulce y encantadora balada atmosférica de unos australianos que seguramente nunca habían escuchado.

Aquí la lista:

10 – Kings of Leon – “Use Somebody”

Olvidando un poco el video un tanto pretencioso y que arruina el entorno de balada rock (ojalá hagan una ley que prohiba para siempre videos sobre bandas y sus desmadres backstage), estos sureños siguieron dando muchas razones para pensar que son una de las bandas más importantes del momento.

9 – The Black Eyed Peas – “I Gotta Feeling”

De vez en cuando sale aquella canción que da ganas de adelantar el reloj hasta la una de la mañana y teleportarse a la Star Trek en medio de un antro prendido. Este año le tocó a los Black Eyed Peas sacar esa canción. Pero ya que hago memoria no es la primera vez que lo hacen y por lo visto no será la última.

8 – The Killers – “Spaceman”

Si hubiera un premio para la canción con letra más original, esta se la llevaba. Cuando casi toda canción habla de amor, sexo, dios o Satanás, es algo refrescante saber que alguien se tomó la molestia de escribir sobre una abducción extraterrestre. Sin especificar aquello de las sondas anales por supuesto.

7 – U2 – “I’ll Go Crazy If I Don’t Go Crazy Tonight”

U2 no tuvo un buen año. Álbum categóricamente decepcionante, ningun sencillo que pegó y una gira que si bien llenó estadios por todo el mundo, no fue por otra cosa más que para escuchar sus éxitos de antaño. Pero dentro de todo lo malo hubo algo decente: esta tierna joya desvergonzadamente popera. Gran video también.

6 – The Friendly Fires – “Skeleton Boy”

Sencilla, pegajosa y con mucha clase, fue de lo poco rescatable de una escena indie que brilló por su ausencia en el 2009 después de varios años de tener un monopolio de la buena música en el mundo. ¿Será por la crisis? Tal vez, pero al menos gracias a ellos el indie inglés dejó algo rescatable.

5 – Lady Gaga – “Poker Face”

Bajo su propia admisión, es una canción sobre su vagina. Pero esto no quitó que fuera la canción más ubicua del año a tal grado que hasta Cartman la cantó en un episodio de South Park. Con este tipo de electropop decadente pero impecable, no queda mucho para que destrone a Madonna como la nueva reina de su género.

4 – Bat for Lashes – “Pearl’s Dream”

“Daniel” tal vez fue la canción que más pegó del aclamado álbum de la misteriosa pero dotada Natasha Khan, sin embargo, me voy por “Pearl’s Dream” (y solo porque no me gusta repetir canciones en estas listas es que no incluyo la otra también). Tan hipnótica y surreal que parece salida de un sueño.

3 – Phoenix – “1901”

Que no se diga que toda la buena música en Europa sale de un solo lado del Canal de la Mancha. Estos franceses indie/alternos sacaron no solo mi álbum favorito del año (Wolfgang Amadeus Phoenix para los que no lo quieren googlear) sino una de las canciones que más puse en repeat.

2 – Pearl Jam – “The Fixer”

No, no es la segunda llegada de “Jeremy”. Ni remotamente. Es más, salvo por la inequívoca voz de Eddie Vedder, esto no suena como el Pearl Jam de hace caso dos décadas (oh dios mio, ¿ya hace tanto?). Pero esta nueva encarnación de los dioses del grunge sigue pateando mucho trasero.

1 – The Temper Trap – “Sweet Disposition”

Fue la canción icónica de de una de las mejores películas del año, 500 Days of Summer (véanla, porque de aquí a que vuelva a recomendar una comedia romántica pasará mucho timepo). Grandiosa pero dulce, queda perfecta para su video sci-fi que recuerda las escenas espaciales en The Fountain.

Y como era tradición también, otras tres canciones que merecen mención especial:

Video Favorito – The Killers – “A Dustland Fairytale”

Se les puede criticar a The Killers que han llevado ese fetiche por el Sueño Americano un poco demasiado lejos. Pero después de ver este video épico, se los perdono. Es literalmente una mini-película de lo que pudo ser el cuento de cualquier adolescente pueblerino en los años sesenta.

Video Sexy – Shakira – “She Wolf”

Shakira ha sacado ya tal vez la mayor colección de videos sexy en una sola década de cualquier artista en la historia de la humanidad salvo Madonna en los ochenta. Y terminó con una de los mejores de su repertorio. Pero qué sería un gran video sexy si no hubiera una buena canción también.

Peor Canción – Miley Cyrus – “Party in the USA”

Pude haber inventado muchos premios alternos para dárselos a esta canción. “Canción estúpida más probable de ser escuchada por gringas estúpidas en camino a ver New Moon” por ejemplo. Pero con simplemente decir que fue la peor canción del 2009 basta. Para colmo tiene influencia country.

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La “recuperación” del 2010

Las cifras dicen que ya no estamos en crisis, pero...
January 5th, 2010 by Rodrigo
Que no les engañen: no estamos fuera del hoyo todavía

Que no les engañen: no estamos fuera del hoyo todavía

El pasado 5 de Noviembre (dos semanas antes del comunicado oficial del INEGI), nuestro glorioso presidente anunció que la economía mexicana ya había salido de la recesión más brutal en nuestra historia moderna y que nos marcó con el dudoso honor de ser el país más afectado en el hemisferio occidental por la crisis global. Pero apenas ha terminado nuestro annus horribilis y ya estamos escuchando los pronósticos para el 2010: una recuperación de nada menos que de 3% que para los ya de por sí mediocres estándares de crecimiento de nuestro PIB es algo casi espectacular aunque sigue siendo menos de la mitad de nuestro repunte sorpresivo en 1996.

Pero antes de que se nos moje el apetito con estos prospectos para el año nuevo, hay que desmentir los mitos de cómo se calcula el PIB y lo que significa nuestra “recuperación” en el gran esquema de las cosas. Veamos las cosas que todo mexicano debe saber sobre el PIB y los trucos de cómo se puede disfrazar la realidad fácilmente particularmente cuando se habla con porcentajes y no valores absolutos los cuales casi nunca se reportan en los periódicos ni en las noticias (por aquello de que evidentemente se cree que el público no puede digerir una cifra que tenga más de dos dígitos).

El PIB generalmente se anuncia con respecto al año anterior (su valor relativo) y no con su cifra real (su valor absoluto).

Esto tiene implicaciones significativas para determinar cuándo se ha salido de una recesión. Por ejemplo, digamos que la economía Mexicana era de $100 en el 2008 pero cae 7% durante el 2009, es decir ahora es de $93. Pero el siguiente año crece 3%, por lo que terminará el 2010 en $95.8. ¿Cual recuperación, pues, si seguimos por debajo de la cifra del 2008? Ahora digamos que en el 2011 crecemos otra vez a 3%: seguimos en apenas $98.7. Tres años después de la crisis y todavía no habremos podido recuperar el terreno perdido aún considerando que “crecimos” durante dos de esos años.

Es una suma tan simple que se me hace increible que nos traten de engañar tan seguido con ella.

Cuando se anuncia el PIB con respecto al año anterior, se ignora el “efecto base”

La mayoría de los países sacan cifras del PIB de manera trimestral (aunque México es uno de los pocos que saca un indicador aproximado de manera mensual, el Índice Global de Actividad Económica) y éste generalmente se anuncia de dos maneras: con respecto al periodo anterior y con respecto al mismo periodo del año anterior. El primer método es muy simple: si se anuncia que en el III trimestre del 2009 el PIB creció tanto porciento con respecto al periodo anterior eso significa que se está comparado con el II trimestre del 2009. Si es con el mismo periodo del año anterior, se está comparando con el III trimestre del 2008 – hace un año. La cifra con respecto al año anterior generalmente es mayor ya que abarca un espacio de cuatro trimestres en vez de uno: por ejemplo, si una economía crece 1% con respecto al trimestre anterior a perpetuidad, esto significa que con respecto al año anterior crece más o menos a 4.1%.

Pero como ya verán, en tiempos de crisis, estas cifras pueden aparecer incongruentes. Esto se debe al “efecto base”, es decir, que el periodo sobre el cual se está comparando puede estar muy por encima o muy por debajo de lo normal (en el caso de una crisis como ésta, muy por debajo). Por ejemplo, según la cifra del PIB más reciente (III-09), la economía Mexicana creció a 2.9% con respecto al trimestre anterior (II-09), pero aún se encontraba a -6.2% del mismo periodo hace un año (III-08). Esto es porque la caída en la economía durante IV-08 y I-09 ha distorsionado la “base”: con todo y que la economía creció ese último trimestre, todavía se encontraba muy por debajo de su nivel hace un año porque ese 2.9% de crecimiento trimestral no ha podido compensar la caída masiva de -9.0% entre IV-08 y II-09.

Pero ahora la situación se va a invertir a partir del IV-09. Si partimos que la economía Mexicana era de $100 en el trimestre antes de la crisis (III-08), un año después se encuentra en $93.7 de acuerdo a las cifras oficiales del INEGI. Esto es 2.9% mejor que el $91 del II-09 (el periodo anterior), pero -6.3% menos que el $100 de hace un año. Ahora imaginemos que la economía NO crece durante los dos siguientes trimestres, o sea sigue a $93.7. Debido al efecto base, eso hace que la economía en IV-09 esté a -4.0% del año anterior pero en I-10… ¡creció a 2.6%! Magia.

De hecho la caída tan brutal de I-09 hará que casi cualquiera que sea la cifra en I-10, va a aparecer estratosféricamente buena. Incluso la caída menos dramática en IV-08 hará que las cifras para IV-09 (que serán reveladas el 22 de Febrero si es que FeCal no las anuncia “extra-oficialmente” antes) se vean buenas en comparación. No duden que FeCal y el gordinflón que ahora merodea por los pasillos de Banxico van a brincar de alegría. Gracias a dios que no es año electoral porque sinó júrenlo que lo usarían como “prueba” que la economía Mexicana ya salió del abismo.

La media década (casi) perdida

Los países que lograron sobrevivir el 2009 ya sea sin recesión o con una contracción muy ligera (en América Latina hubo varios: Colombia y Brasil por lo visto sufrieron una contracción de menos de -1% y Perú de plano creció) efectivamente perdieron un año de crecimiento. Nada deseable por supuesto, pero no tan catastrófico considerano que ha sido la peor crisis económica mundial desde los años treinta.

México, en cambio, podrá sufrir tres años perdidos si es que la economía no recupera su nivel de 2008 hasta el 2012 como se explicó anteriormente. Asumiendo crecimiento de 3% durante dos años después de una caída de -7%, esto significa que para final del 2012 la economía Mexicana solo habrá aumentado un magro 1.2% con respecto a 2008. Así es, 1.2% en cuatro años, efectivamente una media década casi perdida. Mientras tanto, un país que tuvo nulo crecimiento en el 2009 (o sea, 0%) y luego crece a nuestro mismo ritmo de 3% habrá crecido 9.3% en esos mismos cuatro años. Nada fenomenal pero tampoco tan lamentable.

Mientras tanto, se aumenta la brecha contra los países que tuvieron una crisis amena (como Brasil)

Comparemos esta situación con Brasil, nuestro princial “rival” económico regional. Asumiendo que la economía Mexicana era de $150 en 2008 y la de Brasil $200 el mismo año, Brasil era efectivamente 33% mayor a la nuestra (más o menos esta es la relación en la vida real). Asumiendo las caídas que pronosticó el FMI hace unos meses (-7.3% y -0.7% respectivamente), la economía brasileña terminará el 2009 siendo 43% mayor a la nuestra. Y si Brasi crece a una tasa superior que nosotros en los años que viene, la brecha seguría aumentando.

¿Hasta cuando terminará esta crisis?

Es difícil imaginar que la economía mexicana regrese a su nivel del 2008 hasta finales del 2011 – o incluso hasta 2012 si la economía global sufre una recaída (y mira que no faltan razones por las cuales esto puede suceder aunque lo guardo para otro post) o si nuestro vecino del norte persiste en un estado delicado. El shock que sufrimos en el medio año después de la caída de Lehman Brothers es algo que no se recuperará como sucedió en 1996 cuando contamos con un EU sano y salvo que ayudó a que saliéramos de la crisis más rápido de lo pensado (al menos en el aspecto de crecimiento – en cuanto al deterioro social, no estamos ni remótamente recuperados de aquella catástrofe).

Señores, esta crisis va para largo.

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Capos muertos y derechos humanos

CDHDF defendiendo a criminales - otra vez
December 20th, 2009 by Rodrigo

Murió como vivió

Murió tal como vivió: como animal

Oh gran sorpresa llegar de unas mini-vacaciones y encontrarme con la noticia de que nada menos que el mismísimo Beltrán Leyva fue acribillado en un enfrentamiento con la Marina. Vaya, si bien sigo bastante escéptico sobre la efectividad de largo plazo de las fuerzas armadas para ganar la “guerra” contra el narcotráfico (lo siento FeCal, pero esa guerra se gana cumpliendo tu mayor promesa fallida: empleos), no puedo mas que saborear un poco esta pequeña victoria del bien contra el mal. Bueno, más bien del menos mal contra el más mal.

Tampoco puedo negar un cierto placer morboso de ver las ya notorias fotos del cuerpo del capo caído: ensangrentado, desnudo y cubierto de billetes. ¿Mal gusto? Sí, pero justicia poética para alguien que vive asesinando y torturando a tantos de la misma manera. Es más, no puedo encontrar una muerte más gratificante para la sociedad que vive a la merced del narco. Pero para la prensa española, fue humillante. Y peor tantito, para el CDHDF constituyó una violación a los derechos humanos, “concretamente al derecho de la vida”.

¿Perdón?

A ver si entiendo bien esto: es una violación a los derechos humanos matar al jefe de una organización delictiva en el transcurso de un operativo en el que dicha persona le dispara a la autoridad. Qué espera el iluminado Sr. Placencia, ¿qué le pregunten a Beltrán Leyva si se quiere rendir pacíficamente? No sé en qué mundo de fantasía vive nuestro ombudsmán capitalino pero está en un nivel de delusión incomprensible dadas las circumstancias. Es combate al crimen organizado, no parar un pleito de niños de kinder. Es gente con más armamento que la mayoría de las fuerzas policiacas del país, sin escrupulos ni remordimiento para matar en sangre fría (previa tortura) a sus rivales. ¿Qué derechos humanos hay para gente que no tiene una pizca de humanidad que les sobre?

Son momentos como estos en que agradezco que hayan matado a Beltrán Leyva en vez de capturarlo. Vivo seguiría siendo una amenaza de alguna manera u otra. Entregar a un capo a las manos de la “justicia” (hago énfasis en el sarcasmo de las comillas) mexicana es casi igual que dejarlo libre. Es más, si fuera por mí ordenaría que cada que enfrente la policía, el ejército o la marina con sicarios, que los fusilen allí mismo – nos ahorran la molestia de tener que capturalros una y otra vez más cosa que solo sirve para vaciar el cofre de nuestros impuestos. Que hagan lo mismo cuando capturan a los secuestradores in fraganti. ¿Quién los va a extrañar? Nadie, fuera de sus delincuentes familias que nunca los delataron. ¿Quién se va a dar cuenta? Nadie, total, que digan que dispararon primero (lo cual seguramente fue el caso).

Sí, ya sé, esto no es digno en un país donde se deben respetar las instituciones y los procedimientos judiciales. No debemos caer en el abismo de la justicia por cuenta propia y la violencia desmedida. Pero si piensan esto, están igual de deludidos que el Sr. Placencia: en México no hay instituciones y no hay justicia. Somos un país donde la violencia se responde con violencia o queda impune. Desde hace años ya cruzamos el umbral que separa la civilización de la barbarie y no hay salida fácil.

2Pac lo dijo mejor que nadie: Live by the gun, die by the gun.

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Bienvenidos al Tercer Siglo

Nuevo blog para una nueva era
November 30th, 2009 by Rodrigo

Hace cinco años, caí en la tentación. Había jurado y contrajurado que no iba a ser uno de esos tantos prima donnas del internet que hacen un blog para contar cada detalle de sus irrelevantes vidas como si al resto de la humanidad le importara un carajo. Pero lo hice y el resultado fueron cinco años de opiniones, desahogos, debrayes, controversias, y todo lo demás que se me ocurría en el momento. Vaya recuerdos: aquellos debates con mentes afines y opuestas (me enorgullece saber que en cinco años logré ofender a gente de todas las creencias políticas, religiosas, deportivas y musicales habidas y por haber), aquella crítica sarcástica a la cultura popular de nuestros tiempos, en fin. Ese blog era El Ministerio de la Verdad, cuyas cortinas se cierran el día de hoy, exactamente cinco años después de haberse primero levantado.

Pero, ¿por qué darle cuello al blog anterior? Pues, porque la gente cambia. Desde hace meses había pensado darle un nuevo giro, un nuevo enfoque. Y aunque pensaba mantener su esencia crítica y sarcástica, me había quedado claro que ya no sentía mucho ánimo escribiendo bajo el mismo nombre, el mismo alter ego, incluso los mismos colores. Pero necesitaba un nuevo concepto que sirviera de inspiración: aquel estilo Orwelliano tuvo su momento pero era hora de madurar. Entre tanto pensarle, el blog quedó casi abandonado durante el último año y me perdí comentado sobre el año más turbulento en la historia mexicana moderna, por no decir mundial (doble lamento considerando que en todo este tiempo estuve y sigo – por cuestiones labores – en uno de los epicentros de la crisis: Londres). Pero demasiado tarde para regresar el reloj. Es hora de empezar de nuevo.

Bienvenidos al Tercer Siglo.

El nombre no debe ser muy difícil de decifrar. En menos de un año, México entrará a su tercer siglo de existencia como país independiente (al menos en teoría) y las cosas no podrían estar peores. Vivimos una ola de violencia sin precedentes para cualquier país que no está en guerra civil. Hemos sido golpeados por una crisis económica con consecuencias sociales que durarán años. Mientras tanto, nuestros gobernantes inútiles como siempre, prefiriendo seguir con el mismo circo partidista que hacer algo por el país que les da el sustento y por pueblo que les da el voto. Tristemente, la sociedad mexicana no da mucho más de qué enorgullecerse: al igual que en los dos siglos anteriores, seguimos igual de dispuestos a aprovechar las diferencias que las afinidades. A un año del bicentenario, las cosas en México nunca han estado peores – desde, bueno, 1910.

En la víspera del bicentenario, ¿qué nos espera en el tercer siglo? ¿Qué le espera al mundo en el nuevo orden post-crisis? ¿Porqué los emos siguen contaminando nuestros centros comerciales? Esas son algunas de las preguntas que servirán de musas para esta nueva aventura en la blogósfera, una aventura que ojalá sea igual o más productiva, fructífera y gratificante que la anterior.

¿Están de acuerdo o están de acuerdo?

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